HISTÓRICO
Buenas semillas
Jorge Giraldo Ramírez | Publicado el 24 de agosto de 2008
En 1990 el periodista y escritor Alonso Salazar publicó su después famoso libro "No nacimos pa' semilla". El relato ponía de presente tres características de la violencia en Medellín que se conformaron desde principios de la década de 1980 y permanecieron inalterables durante 20 años. Esas características permitían afirmar que gran parte de la violencia en Medellín era ejecutada por jóvenes adolescentes, agrupados en bandas fuertemente territoriales y que las zonas más peligrosas de la ciudad eran las "comunas". El estigma de la violencia recaía sobre los jóvenes, los barrios populares de ladera y las organizaciones informales o formales de muchachos, como la barra o la gallada esquineras.

Las últimas investigaciones realizadas por la Universidad Eafit muestran que esta situación ha cambiado radicalmente. Los adolescentes han dejado de ser el principal grupo de víctimas de la violencia, lo que parece demostrar que han encontrado alternativas y que se ha roto la continuidad generacional en el aprendizaje de la violencia. Las comunas más pobres dejaron de ser los lugares más peligrosos y el homicidio en Medellín hoy no es de ladera sino de río: las tasas más altas de homicidio están en cuatro comunas que concentran la actividad comercial, de diversión y transportes: Castilla, Aranjuez, Candelaria y Guayabal. La violencia homicida ya no gira alrededor de las organizaciones armadas de base territorial como las milicias o los combos y esto gracias a la derrota de las Farc y la desmovilización de las Auc.

Esto significa que el Secretario de Gobierno y ahora Alcalde, Alonso Salazar, ha hecho una enorme contribución a cambiar la realidad que se encontró en sus investigaciones hace dos décadas y que en su administración puede consolidar estas tendencias que empezaron en el 2004. Lo más significativo de todo es que en el corto periodo de 5 años Medellín pasó de tener una tasa de homicidios superior a 150 y a una cercana a 30. Este milagro no tiene parangón en el mundo. Un testimonio de ello es el creciente interés de académicos y centros de investigación de Europa y Estados Unidos que vienen a averiguar "cómo lo hicieron".

Ahora vivimos un coletazo violento producto del descabezamiento de las grandes organizaciones criminales que normalmente lleva a que los mandos medios entren en sangrientas disputas y los pistoleros se tengan que dedicar al crimen de subsistencia. Otro factor, que tiene implicaciones similares, es el posconflicto que siempre genera incrementos en la violencia. El desespero escandaloso que algunos medios de comunicación y ciertas instituciones públicas y privadas han mostrado es comprensible a primera vista, pero carece de fundamento en las cifras, en los antecedentes de Medellín y en la comparación con las demás ciudades del país y de Latinoamérica. Después de 20 años de morbosa dedicación a la tragedia violenta es bueno que empecemos a cambiar de melodía.