HISTÓRICO
Calle Vieja, tras dos años de la tragedia
  • Calle Vieja, tras dos años de la tragedia | Esta placa, en el lote, contiene los nombres de todos los muertos. FOTO RÓBINSON SÁENZ
    Calle Vieja, tras dos años de la tragedia | Esta placa, en el lote, contiene los nombres de todos los muertos. FOTO RÓBINSON SÁENZ
POR GUSTAVO OSPINA ZAPATA Y RODRIGO MARTÍNEZ ARANGO | Publicado el 04 de diciembre de 2012

Una cruz de hierro en medio de la maleza y un montón de tierra amarilla en los bajos de una casa de dos plantas, son las pocas evidencias que quedan en el sector de Calle Vieja, en el barrio La Camila, de Bello, de la avalancha que hace dos años les costó la vida a 82 personas.

Entre los damnificados aún no cicatrizan las heridas, tanto por los recuerdos de los seres amados que murieron como por las promesas cumplidas a medias que obligaron a varios a retornar, como ocurrió esta semana con tres familias propietarias de apartamentos en el edificio Familia Ríos, símbolo de la tragedia porque sus bases contuvieron la tierra evitando que el derrumbe avanzara más.

Álvaro Correa Muñoz, uno de los dueños, recordó que tras sobrevivir a la tragedia, él y su madre tuvieron que dejar la edificación, construida para 10 familias pobres por la Corporación Comunitaria Monseñor Romero, y alojarse en una casa de alquiler en La Gabriela pagada por el Municipio.

"Hace dos meses no nos reconocen el arriendo y como mi madre trabaja en casas de familia y yo en construcción, no nos alcanzaron los recursos y retornamos porque nos volvieron a poner los contadores del agua, la luz y las puertas, pues se robaron todo".

Sus vecinas Blanca Nubia y Marta Elena Vásquez aseguraron que volvieron porque ya no les iban a pagar más arriendo, pero reconocieron que les da temor estar allí con una montaña amenazante en la parte alta y la cantidad de ratones y contaminación que hallaron en el sector.

Lo que más extraño les pareció a estas mujeres de avanzada edad es que no les ofrecieron vivienda en otro sector.

Dora García Galeano, hace dos meses reubicada en Villa de Los Ángeles, dijo que este mes debe pagar 1’200.000 pesos de las escrituras y no tiene con qué.

Proceso costoso
Aunque ha contado con apoyo y recursos de los gobiernos Nacional y Departamental, del Área Metropolitana e instituciones y empresas privadas, al Municipio de Bello le ha tocado hacer millonarias inversiones desde que ocurrió esta tragedia. Cada mes, desde el día del evento, ha pagado 93 millones de pesos en arrendamientos temporales a damnificados. El total, en dos años, asciende a 2.232 millones.

El pasado septiembre, 40 familias fueron reubicadas en la urbanización Villa de los Ángeles, en El Trapiche, un proyecto construido con recursos del Fondo de Adaptación, particulares y aportes del Día del Fútbol Antioqueño, coordinado por la Corporación Antioquia Presente.

El total invertido fue de 2.443 millones, de los cuales los ciudadanos donaron 1.465 millones y el Fondo de Adaptación aportó 977 millones.

El 2 de agosto arrancó la construcción de Montesclaros, en el sector de la autopista Medellín-Bogotá, un megaproyecto de 1008 viviendas con un costo de 35.000 millones de pesos, dineros aportados por el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio; el Área Metropolitana, la Empresa de Vivienda de Antioquia (Viva) y el Municipio a través del Fondo de Regalías.

Allí tendrán prioridad de ubicación 320 familias damnificadas de La Gabriela, 270 de ellas directamente afectadas por el desastre de Calle Vieja.

"Este proyecto se construye paralelo en su primera y segunda etapas y para abril de 2013 entregamos los primeros apartamentos", precisó la subsecretaria de Vivienda de Bello, María Victoria Mesa.

Confirmó que hace pocos días se entregó reparado el edificio Familia Ríos, infraestructura de 10 apartamentos donde no hubo pérdidas humanas pero sí mucha afectación económica y estructural.

"Invertimos 120 millones de pesos. Ya las familias se están instalando", confirmó.

En el lote, que es privado, muchos han pedido un colegio, pero aún la Alcaldía no define el destino. Por ahora, la placa con los nombres de todos los fallecidos es la marca de los recuerdos, la que aprieta el corazón, la que no permite el olvido.