HISTÓRICO
CAMINAR PARA ENTENDER
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Por DIEGO ARISTIZÁBAL | Publicado el 23 de enero de 2013

Esta semana leí una entrevista que le hicieron a David Grossman donde decía que el placer de caminar era muy similar al de escribir. Sin duda, decía el escritor, la actividad física le servía mucho en el proceso de creación. "Yo camino mucho. No me puedo quedar quieto. Doy vueltas alrededor de la habitación, como si fuera un prisionero" (Semana, 21 de enero).

Caminar es una manera de encontrarle el ritmo a la escritura. Tal vez por eso Paul Valéry decía que uno de sus más importantes hallazgos había sido descubrir la esencia del caminar, de escuchar los pasos y todo lo que rodea el acto que tarde o temprano culmina en una danza que se refleja en el poema. El mismo Fernando González descubrió la naturaleza del ritmo en "Viaje a pie", el libro memorable de los caminantes: "El ritmo es tan importante para vivir como lo es la idea del infierno para el sostenimiento de la Religión Católica (…) Por el ritmo podrían clasificarse los hombres".

Pero hoy algunos escritores, por lo visto, han dejado de caminar porque su escritura se ha vuelto sosa, aburrida, densa, ha perdido vitalidad. El "ritmo" de sus frases no llega a los oídos de quienes todavía leemos en voz alta. "El ignorante se aburre en los caminos; sólo percibe las sensaciones de cansancio y de distancia. Es como un fardo. Su alma está encerrada en la carne. Los ojos le sirven sólo para ver la comida, el obstáculo y la hembra; el oído, para oír ruidos, y el tacto, olfato y gusto, para los fines primordiales", dice el filósofo de Otraparte.

Caminar ayuda a entender el mundo. Tal vez por eso me pareció tan interesante que el periodista norteamericano y ganador del premio Pulitzer, Paul Salopek, decidiera recorrer a pie desde el pasado 10 de enero el mismo trayecto que hicieron los primeros humanos hace 70 mil años. A través de su viaje, que inició en Etiopía y terminará en 2020 en la Tierra del Fuego, lo único que busca es poder contar historias. "Para mí lo normal es el movimiento porque somos máquinas caminantes" (Semana, 21 de enero).

Mientras leo que Salopek no cumpliría su objetivo si no caminara, pienso en lo distinto que sería Colombia si además de los escritores y periodistas, los perezosos políticos también caminaran para llegar a sus oficinas, vieran sin necesidad de sus burbujas blindadas los sitios donde se desmorona el país, conversaran con la gente sin la parafernalia de un evento o de una campaña, supieran a qué huelen las calles de este país que dicen conocer muy bien.

Si al menos recordaran que Fernando González dijo: "Caminar es el gran placer para el cuerpo, pues todo está hecho para ello", sería muchísima la gasolina que nos ahorraríamos en el Congreso. Caminar nos muestra, sin necesidad de muchos estudios, cuál es la realidad que vive Colombia.