HISTÓRICO
Campesinos esperan “buena cosecha” por acuerdo de tierras
  • Una de las producciones agroindustriales de mayor crecimiento en el país ha sido la de la palma de cera. Producida en zonas de conflicto. FOTO JUAN ANTONIO SANCHÉZ
    Una de las producciones agroindustriales de mayor crecimiento en el país ha sido la de la palma de cera. Producida en zonas de conflicto. FOTO JUAN ANTONIO SANCHÉZ
Por JAVIER ALEXANDER MACÍAS | Publicado el 27 de mayo de 2013

Como un avance importante para el agro fue calificado por los campesinos y algunos gremios económicos el acuerdo del primer punto de la agenda de negociación, logrado entre Gobierno y Farc en la mesa de diálogos, el cual busca brindar garantías y  permitir el desarrollo integral del campo colombiano.

En las regiones le dieron la bienvenida. Sin embargo, un halo de escepticismo y expectativa merodea en la mente de los labriegos que esperan que temas trascendentales como la formalización de la propiedad, el acceso a la tierra, el estímulo a la producción agropecuaria y el acceso a salud, vivienda y educación no se queden en el papel y se hagan realidad en el campo.

Esta es la percepción que Héctor Pinzón, gerente de la Cooperativa Multiactiva de Guaviare, Coagroguaviare, ha recibido de los campesinos de esa zona colombiana.

Dice Pinzón que la expectativa que más presente tienen los campesinos guaviarenses es cómo será la implementación y qué estrategias se utilizarán para hacer cumplir los acuerdos.

“Sabemos y valoramos el avance pero si no hay voluntad del Gobierno, de las partes, de los organismos internacionales, no vamos a ver resultados y menos a corto plazo. Si no hay compromiso, no mejorará el campo en este momento”, agrega Pinzón.

El gerente de Coagroguaviare asegura que mientras en Colombia no se analice profundamente la política económica del país, “y no se cambie el modelo económico y el Gobierno permita que el campo siga siendo azotado, el campesino no se va a sentir como realmente se debe sentir”.

A la expectativa de cómo se aplicaría el acuerdo, se suma el desconocimiento por parte de los labriegos de lo pactado en La Habana, y argumentan que hace falta socialización de lo que están haciendo ambas delegaciones.

Julio Graciliano Campo, integrante del Consejo Municipal de Desarrollo Rural de Cajibío, Cauca, hace énfasis especial en que los acuerdos “se han manejado por lo alto y la comunidad no conoce nada”.

Campo explica que en su región, azotada por las hostilidades y donde hay presencia de  los grupos armados, la gente clama para que el Gobierno Nacional “tome cartas en cuanto al potencial de gente que hoy no tiene una unidad agrícola familiar. Hemos pedido a las multinacionales que devuelvan las hectáreas que tienen en su poder”.

Para lograr el desarrollo del campo, el presidente Juan Manuel Santos expresó que se deben tener en cuenta cuatro pilares fundamentales en la reforma rural integral.

El primero es la distribución de las tierras mediante la creación de un gran fondo que les permita vivir dignamente.

El segundo, el establecimiento de programas especiales de desarrollo con enfoque territorial en los más necesitados que permitan al Estado llegar a las regiones.

El tercero son los planes nacionales en todo el territorio rural, “en materia de educación salud, vías, riego, agua potable, vivienda”.

Y el cuarto, es la seguridad alimentaria, con “todo el esfuerzo de transformación que el campo debe llevar a una mejor nutrición, programas especiales contra el hambre”.

Hay que llevar desarrollo
Los diálogos que se desarrollan en La Habana “deben darse de la mejor forma para alcanzar el bienestar de todo el pueblo colombiano”.

Esta es la posición expresada por Alfredo García, presidente de la Federación Ganadera de Córdoba, Ganacor, para quien ese bienestar debe traducirse en llevar desarrollo al campo, tarea en la que, según García, el Gobierno falla.

“Todo el sector debe conocer los alcances de estos acuerdos, porque prima la tenencia de la tierra a cualquier negociación. Nos preocupa que se habla de incursionar en las tierras y lógicamente esto puede suplir la tenencia. El desarrollo del sector agropecuario se debe de mostrar y realizar con el campesinado colombiano, no necesariamente con una estructura de grupos al margen de la ley”, precisa García.

Desde la perspectiva de las víctimas, muchas de las cuáles salieron de sus parcelas por el despojo de los grupos armados ilegales, el presidente de la Fundación Forjando Futuros, Gerado Vega, manifiesta que este acuerdo puede significar una revolución en la política agraria del país.

“Se tratan temas más importantes como el acceso y uso de la tierra, desarrollo con enfoque territorial, infraestructura y adecuación de tierras, desarrollo social, estímulos a la producción agropecuaria y sistema de seguridad alimentaria”, afirma.

La reforma agraria de la que habla Vega debe disponer de recursos que, según Gabriel Harry Hinestroza, empresario bananero y presidente de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, debe conllevar al apoyo de lo que producen y lo que venden los labriegos.

“Un campesino cuando saca su cosecha y no tiene quien se la compre, se quiebra. El Gobierno tiene que volver a pensar en una entidad que le compre al campesino lo que produce y garantizar unos precios mínimos”, manifiesta Harry Hinestroza.

El acuerdo, según el Gobierno, recoge las inquietudes del campesinado, pero como expresa Pinzón, de Coagroguaviare, “las inquietudes las hemos tenido desde hace mucho tiempo. Venimos trabajando hace rato buscando la comba al palo y como hacer en las regiones para salir adelante”, y esperan que el acuerdo sea el primer paso para lograr ese desarrollo.