HISTÓRICO
CARAS CONGESTIONADAS
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    CARAS CONGESTIONADAS |
Por ARTURO GUERRERO | Publicado el 02 de julio de 2013

Caras abotagadas de capturados, cuerpos ventrudos de extraditados, bigotes campesinos de jefes de finanzas. Esas fotos donde todos agachan cabeza o se cubren con chaquetas o dan espalda para no ser vistos. Esta imagen de país que cada día ofrece la prensa. País botín, patria rapiña, hombres cazados como fieras en su esquina.

Bolsas plásticas negras, talegos hechos de sábanas blancas con alguna flor roja manchada, mascarillas de soldados y policías que arrastran cuota diaria de bandolero muerto, a que están acostumbrados los colombianos menores de setenta años. Mientras más bajas reportan las fuerzas oficiales, más caras de jefes y comandantes renuevan afiches con ‘se busca’, que asustan en estaciones de transporte, postes callejeros, aeropuertos.

Es media nación la que busca a otra media para triturarla. Rostros de acribillados o apresados gritan de elocuencia. Gimen de niñeces sin zapatos, crujen de adolescencias sin futuro, reclaman de brazos sin nada que producir salvo puntería. Son oprobio de una sociedad que por siglos ha ninguneado a los de abajo.

¿Cómo no arquearse de náuseas ante el desfile mediático de los condenados de la vida? Ellos son inteligencias aplicadas a sangres porque las neuronas no consiguieron asirse a conceptos. La malicia indígena creció en sus rabias y les mostró que, de apegarse a la ley, sus causas estaban perdidas. Se echaron a monte o comuna, en busca de solidaridad de pares, negocios contra hambre y escondrijos para sus sombras.

Uno a uno van cayendo, porque la suerte no es eterna ni los rezos infalibles. Si quedan vivos, serán como toros a los que puyan con picas para aplacarles vitalidad. Si mueren, quizá signarán su lápida con un NN, semejante al que exhibieron en la frente por calles y trochas.

Quienes los sobrevivimos, acuartelados de temor tras ventanas, miramos incrédulos este espejo de país que nos negamos a aceptar. Se nos agria el desayuno ante esas caras tan nuestras. Podríamos ser uno de ellos, alguien de esa tropa maldita tendría el mismo apellido nuestro, las señas, el pelo, la mirada altanera.

Una Colombia mortecina aparece en las mañanas, convertida en noticia roja. No importa la calificación o monto del delito, lo cierto es que esta sociedad expulsa a millares de jóvenes que habrían sido astronautas o tamboreros, físicos teóricos o exportadores, poetas o médicos. Y hoy son solo caras congestionadas.