HISTÓRICO
Colombia, en examen continuo
  • ILUSTRACIÓN MORPHART
    ILUSTRACIÓN MORPHART
EL COLOMBIANO | Publicado el 27 de abril de 2013

Hace dos semanas se anunció que Colombia salía del "capítulo 4" de los informes anuales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En otras palabras, era excluida de la "lista negra" de países que año a año son tomados con pinzas para fiscalizar su situación de protección y vigencia de los derechos humanos.

Para una nación ya acostumbrada a integrar todo tipo de listas negras, descertificaciones, vetos y objeciones, salir, así fuere temporalmente, de los listados de causales de oprobio, es satisfactorio. Incluso, cuando leyendo dos veces los motivos de exclusión del "capítulo 4", sabemos que la medida obedece a la aceptación de Colombia de recibir una visita "in loco", una especie de auditoría local de la CIDH en el país.

Paralelamente, el Estado colombiano hizo presencia en Ginebra, Suiza, para someterse al Examen Periódico Universal (EPU) de derechos humanos. Allí el vicepresidente Angelino Garzón y su equipo mostraron los avances del país en derechos humanos, verificables y aceptados por muchos observadores.

Es importante que el país ascienda escalones que lo saquen del sótano oscuro en el que lo ubicaban, un año sí y otro también, los informes de los organismos de derechos humanos más reputados del mundo. Pero no podemos olvidar que esta semana el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) observó que aún con la desmovilización de las autodefensas y ahora en pleno proceso de diálogo con las Farc, "persisten graves condiciones humanitarias como consecuencia del conflicto armado y la acción de diferentes actores armados".

Incluso, estos atropellos se relacionan con circunstancias legales determinantes: por fuera de leyes como las de víctimas y restitución de tierras, miles de personas padecen los acosos y actuaciones delictivas de los actores del conflicto armado. Algunas no reciben atención por problemas de cobertura y otras porque hay una clasificación que resulta estrecha para tantas variantes y categorías derivadas de la violencia variopinta de un conflicto armado degradado militarmente y contaminado por el narcotráfico, suerte de savia que alimenta la existencia de los armados ilegales y su progresiva degradación.

Entre los fenómenos y casos más preocupantes que continúa documentando el CICR están las desapariciones, los asesinatos, la violencia sexual, las amenazas, la ocupación de bienes civiles y los ataques contra la misión médica.

Reiteramos que nos viene bien salir de listas negras, pero nunca resultará aceptable pensar que todo está resuelto. Es necesario advertir que las conversaciones de Cuba se adelantan sin que las Farc hayan cesado sus hostilidades y que ello expone a la población civil a la variedad infortunada de las agresiones armadas. Se sabe que la guerrilla emplea métodos terroristas y que, al verse menguada, recurre a mimetizarse y a usar a la gente como escudo o blanco de sus presiones y arbitrariedades.

Colombia, en fin, seguirá en la mira de los organismos de derechos humanos. De los multilaterales, de los serios, pero también de los ideologizados y proselitistas. Pero si el compromiso estatal y ciudadano por la vigencia de esos derechos persiste, no habrá que recibir con hostilidad ni con miedo esas intervenciones. Somos una democracia.