HISTÓRICO
COMPRAR ARMAS COMO COMPRAR DULCES
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    COMPRAR ARMAS COMO COMPRAR DULCES |
Por DAVID E. SANTOS GÓMEZ | Publicado el 17 de diciembre de 2012

Barack Obama está convencido que, tras la espantosa masacre de Connecticut, Estados Unidos debe cambiar desde sus raíces más profundas. Debe obligarse, mediante leyes estrictas, a limitar esa deplorable afición a las armas que está tan arraigada en su alma de nación y que se sostiene sobre el pilar absoluto de la libertad individual.

Lo ha dicho primero entre dientes y luego con mayor claridad: su país necesita limitar la escandalosa libertad para acceder a un revolver o a una escopeta. Resulta absurdo que en un país profundamente meticuloso con la seguridad de sus ciudadanos, se instalen más trabas para comprar un gato que para hacerse a un arma de fuego. Se regulan las bebidas alcohólicas, el material de los juguetes, la pólvora e incluso el lenguaje en la música, pero se le da una caja de balas a todo aquel que pueda pagar por ella.

Obama tiene en frente una pelea política que no es para nada fácil. Está tan tatuado en el espíritu de ese país el apego a las escopetas que ya algunos proponen entregar armas a los profesores de las escuelas antes de limitar la forma de adquirirlas.

Las cifras son escandalosas. Según un artículo publicado por el diario El País de España, un 69 por ciento de la población estadounidense ha disparado alguna vez y un 47 por ciento reconoce que tiene en su casa un arma. Existen 300 millones de ellas en manos privadas y cada año 30 mil personas pierden la vida por un tiro.

En medio de la locura violenta, la Asociación Nacional de Rifle (NRA por sus siglas en inglés) se erige como el principal organismo en defender el sistema actual de acceso a las armas y en su fuerza política y monetaria radica el primer escollo para lograr cambios significativos. La NRA es un monstruo que además sirve a la industria armamentista para evitar que se detenga su lucrativo y sangriento negocio.

Pero la NRA no está sola. En su lucha por la regulación, Obama tendrá que repeler el espíritu conservador de millones de ciudadanos que lo acusarán de coercitivo y represor una vez pase el luto por Connecticut.

Debe existir valor y entereza política para dar la pelea. Para que la legislación obligue certificados de sanidad mental, exámenes de autocontrol y seguimientos minuciosos a aquellos que quieran un arma. ¿Si se hace un detenido estudio para otorgar un pase de conducción, cómo es posible que no exista lo mismo para comprar un rifle?

Una nueva tragedia asoma a la vuelta de unos meses y la regulación es un paso importante en prevenirla. No es la solución final pero sin duda es un logro gigantesco para evitar los asesinatos por armas de fuego que se han llevado más vidas en ese territorio que todos los actos terroristas juntos.