HISTÓRICO
CRISIS POLÍTICA Y CAMBIO MINISTERIAL
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    CRISIS POLÍTICA Y CAMBIO MINISTERIAL |
Por ALEJO VARGAS VELÁSQUEZ | Publicado el 07 de septiembre de 2013

La encuesta bimestral de Gallup sacó a flote lo que venía gestándose y comentándose desde que el paro agrario puso en evidencia las deficiencias del Gobierno Nacional en enfrentar estas expresiones de protesta social. Efectivamente la encuesta no sólo castigó la imagen presidencial, sino que reflejó un estado de ánimo pesimista en los colombianos -casi todas las mediciones estuvieron a la baja, incluida la tradicional opinión favorable hacia los norteamericanos-. Sin duda un campanazo de alerta para los gobernantes, los partidos políticos y en general toda la sociedad.

Lo anterior puso sobre la mesa una crisis política asociada a varios elementos, de un lado, las falencias de unas políticas públicas que venían adelantándose desde los anteriores gobiernos, políticas que colocan en la apertura indiscriminada de los mercados a la competencia internacional, sin el suficiente apoyo a los productores nacionales y que ha traído como consecuencia una situación económica complicada para los productores nacionales -los del sector agropecuario y también sectores de la industria-, agravada en el caso de los pequeños y medianos productores campesinos; de otro, un gobierno con deficiencias en la gestión de los asuntos cotidianos y con grandes dificultades para enfrentar las realidades regionales -como se afirmó por parte de muchos, muy bogotanizado y con poco contacto con los problemas regionales- y adicionalmente poco preparado para asumir la protesta social -pareciera que hubiera la idea de que gobernar era solamente tomar decisiones en sus oficinas de Bogotá y no se considerara que parte central de la tarea del gobernante es dialogar con los líderes sociales, escucar el descontento, tener capacidad de concertar y rectificar cuando la situación lo amerita- y finalmente unos gobernantes regionales y locales que en muchos casos no parecen disuestos a asumir su cuota de responsabilidad, por ejemplo, que ellos son los responsables del orden público en sus regiones y deben asumir decisiones en esa dirección con los costos y beneficios que tengan las mismas. Finalmente, no hay duda que el Presidente debe mostrar más y mejor la garra de líder que tiene y se requiere de un dirigente nacional y sobre todo ser capaz de comunicar de manera más adecuada y oportuna sus orientaciones a la sociedad.

En ese contexto, la crisis ministerial era una necesidad, no sólo porque los Ministros en los regímenes presidenciales tienen esa función, de ser una especie de "fusibles" que el Presidente puede cambiar cuando la situación lo amerita, sino que algunos de ellos habían mostrado un desgaste evidente y era necesario tener caras nuevas al frente de los cargos de responsabilidad -la renovación no tiene que ver sólo con la edad, uno de los Presidentes más renovadores de América Latina es el presidente Mojica del Uruguay y es el de mayor edad-.

Llegaron a cargos claves como el Ministerio del Interior, con Aurelio Iragorri Valenci a, Justicia con Alfonso Gómez Méndez y Minas con Amilkar Acosta, dirigentes con arraigo político en sus regiones y una trayectoria de militancia en sus partidos que es fundamental para sacar adelante sus políticas, pero adicionalmente comprometidos a fondo con la política de paz que el Presidente viene impulsando en las conversaciones de La Habana con las Farc y seguramente en los próximos meses con el ELN como forma de resolver el histórico problema de la violencia. Otras regiones, como Santander, que habían estado excluidas de la participación en el gabinete logran una representación con una competente funcionaria como lo es Luz Helena Sarmiento en el Ministerio del Ambiente.

En fin, creo que hubo un esfuerzo, en principio exitoso, de dar mejor y mayor representación a las regiones en el gabinete con funcionarios competentes y conocedores de los temas bajo su responsabilidad. Ahora viene para ellos el desafío de mostrar en el día a día de sus ejecutorias, sus capacidades, conocimientos, relaciones y sobre todo su capacidad real de gobernar que no es otra cosa que resolver los problemas de las gentes y adelantar políticas públicas que garanticen estabilidad, crecimiento y un ambiente adecuado para el desarrollo económico y social.

Si acertó o no el Presidente en los cambios ministeriales lo sabremos en los próximos meses, cuando ellos estén al frente de sus respectivas carteras y de eso va a depender mucho el que mejore la gobernabilidad del Presidente y su futuro político. Pero no va a ser suficiente, como decía Alfonso López Pumarejo, caras nuevas en los carros oficiales, también van a ser necesarios ajustes en sus políticas públicas -en esa dirección es destacable la idea de un Pacto Nacional Agropecuario-, pero igual se van a requerir ajustes en las políticas de salud y educación y modificaciones en el estilo de gobernar de su equipo de Ministros.