HISTÓRICO
Cuando la guerra fría se impuso en Chile
  • Cuando la guerra fría se impuso en Chile | El comandante del Ejército con el Presidente, días antes del golpe. FOTOS ARCHIVO HISTÓRICO, REUTERS. SANTIAGO-CHILE
    Cuando la guerra fría se impuso en Chile | El comandante del Ejército con el Presidente, días antes del golpe. FOTOS ARCHIVO HISTÓRICO, REUTERS. SANTIAGO-CHILE
Por FELIPE ALBERTO VELÁSQUEZ F. | Publicado el 07 de septiembre de 2013

El martes 11 de septiembre de 1973, día de invierno austral en Chile, la movilización de camiones del Ejército abarrotados de soldados con fusil, la carrera de la Policía de Carabineros por las amplias avenidas del centro de Santiago, la capital, y el constante sobrevuelo de helicópteros verde oliva no le dejaron duda a nadie de lo que se venía. Todo el mundo sabía que algo iba a pasar. Algo grave. Las Fuerzas Armadas de Chile (Fach) venían siendo presionadas y azuzadas desde los más diversos sectores para que intervinieran en la convulsa situación política que indicaba, sin exageración, que Chile iba hacia un estallido social.

¿Cómo se llegó hasta esto?

Elecciones de 1970

El 4 de septiembre de 1970 Salvador Allende Gossens, médico socialista de 62 años, se presentaba por cuarta vez como candidato presidencial de una coalición de partidos de izquierda. Había fracasado en las anteriores elecciones de 1952, 1958 y 1964.

En estas de 1970, Allende obtiene una apretada ventaja sobre los demás candidatos: 36,3 %, sobre el segundo, el expresidente Jorge Alessandri, que alcanzó el 35 %. Según la Constitución vigente en ese momento, quien no obtuviera la mitad más uno de los votos, debía ser ratificado por el Congreso Nacional. La elección de Allende, entonces, tenía que confirmarse en el parlamento, que por tradición siempre elegía al candidato de mayor votación. En el caso de Allende los debates fueron intensos, duros. Su programa de "Vía chilena al socialismo" espantaba a muchos dirigentes.

No obstante, la tradición prevaleció y el Congreso, a pesar de tener mayoría contraria a las tesis de Allende, formalizó la elección del presidente el 24 de octubre, y el político socialista juró su cargo el 3 de noviembre de 1970.

Nixon, Kissinger y la CIA
La situación de Chile y su realidad política no interesaba solo a los chilenos. El ascenso de Allende inflamó las ilusiones revolucionarias de millones de personas en todo el mundo, y la visión marxista que éste representaba lo elevó muy pronto al santoral laico de la izquierda mundial.

Al norte del continente, en cambio, la posición del presidente estadounidense Richard Nixon no se limitó a protestar por el ascenso de un socialista por vía de las urnas a la presidencia de un país considerado "civilizado". Nixon y su asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, ordenaron a la CIA iniciar un sabotaje y un plan continuo de desestabilización de la economía chilena, para tumbar al gobierno de Allende. El plan incluyó pagos en efectivo a periódicos y políticos para arreciar la oposición.

Quien fuera embajador de Estados Unidos ante el gobierno de Allende, Nathanael Davis, cuenta en sus memorias que para Kissinger, el gobernante chileno era más peligroso que el propio Fidel Castro, y cita la famosa frase de aquel, cuando en una reunión en la Casa Blanca (27 de junio de 1970) dijo que "no veo por qué tenemos que sentarnos a esperar viendo cómo un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo".

El desastre interno
Durante años, los simpatizantes de Allende culparon a la intervención de la CIA y a la derecha nacional e internacional, de la desastrosa situación política y económica. Con el paso de los años, sin embargo, el papel del Allende gobernante, frente al Allende orador y líder de izquierda, ha sido definitivamente revaluado.

Para que el Congreso ratificara su elección, los partidos políticos obligaron a Allende a firmar unos acuerdos de garantías políticas para la prevalencia de los derechos constitucionales. No tardaría mucho tiempo en salir su asesor, el escritor francés Regis Debray (compañero del ‘Che’ Guevara en Bolivia) a decir que "Allende sólo firmó esos acuerdos como táctica necesaria para conquistar el poder".

La política económica de Allende fue desastrosa. La escasez de productos, las filas de kilómetros para acceder a productos básicos, la expropiación de fundos (fincas) y empresas para instalar una economía centralizada, bajo control estatal, sublevaron los ánimos no solo de los empresarios y clase alta, sino de buena parte de la clase media.

Allende, gran orador y persuasivo en sus discursos, no era conciliador en sus posiciones. Llegó a decir que "soy el presidente de la Unidad Popular, no de todos los chilenos". Intentó desdecirse luego, pero la frase quedó resonando mucho tiempo.

La situación social se fue tornando insoportable en 1972 y 1973. El 22 de agosto de este último año, la Cámara de Diputados emite un Acuerdo en el que, con pocas concesiones a la ambigüedad, exhorta a las Fuerzas Armadas a reconducir la situación y a restablecer el orden.

Pinochet entra en escena
Augusto Pinochet Ugarte llegó a ser considerado por Allende como un "oficial leal". Por eso lo nombró comandante del Ejército en propiedad apenas un mes antes de que le hiciera el golpe de Estado. Lo que hoy en día pocos recuerdan, es que Pinochet supo a última hora del golpe. Los otros generales no habían contado con él, precisamente por considerarlo "cercano" al Gobierno. Pero una vez se sumó a la conspiración, no sólo se puso a la cabeza de ella, sino que se convirtió en el más feroz verdugo de Allende tan pronto éste quedó prisionero en La Moneda.

Infierno en La Moneda
El lugar de Allende en la historia lo ha ganado por su actitud digna y valiente el 11 de septiembre, más que por su obra de gobierno. Ese día, Allende, a sabiendas de la conspiración militar, ocupó su despacho y preparó su despedida del pueblo chileno. Su discurso (ver recuadro) sigue en la memoria de muchos. No quiso rendirse, no pidió clemencia, no claudicó ante la humillación de sus subalternos uniformados. Buscó desesperadamente, sí, que sus hijas Beatriz (embarazada de siete meses) e Isabel, y su secretaria ‘Payita’ salieran vivas del palacio, pues se negaban a dejarlo solo.

El despacho presidencial fue atacado con balas de fusil, desde el exterior; con rockets y, finalmente, con bombas lanzadas en vuelo rasante por aviones Hawker Hunter.

Con Allende quedaron varios de sus escoltas, y el doctor Patricio Guijón, uno de sus médicos. Éste oyó "¡Allende no se rinde…", y un disparo. Era el grito del Presidente, que se disparó con un fusil en la cabeza. El cerebro de Allende quedó destrozado. Eran las 2:15 de la tarde, y el arma con que se suicidó el Jefe del Estado chileno tenía una placa de bronce que decía: "A Salvador, de su compañero de armas, Fidel Castro ".

Le esperaban a Chile 17 años de feroz dictadura, represión, militarización de la sociedad, torturas y desaparecidos.