HISTÓRICO
CUATRO BABILLAS Y UNA MASACRE
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    CUATRO BABILLAS Y UNA MASACRE |
Por ELBACÉ RESTREPO | Publicado el 10 de noviembre de 2012

Es viernes en la mañana y tomo mi primer café del día. Desde otra habitación me llega la voz dramática de un presentador de noticias que lee titulares en la televisión. "Cuatro babillas aterrorizan a Barranquilla".

"¡No, pues, qué susto… ¿De un caimán que habita en ciénagas y pantanos? digo, y persisto en la lectura de correos.

Respondo el saludo mañanero de un amigo, mando a spam una oferta de préstamo que me hace un banco de África, sonrío ante un piropo que me llegó de mi compañero de almohada y, de repente, también vía Yahoo me llega un puño directo al corazón.

En el asunto dice "sólo en Colombia". Es de una amiga colombiana que está lejos y me escribe con frecuencia. Abro un enlace que adjunta y aparece la edición virtual de El Colombiano. "Santa Rosa llora a sus labriegos masacrados".

Comparto con ustedes el mensaje, al que pocas comas le he modificado y con el que me identifico desde que abro hasta que cierro las comillas:

"No es posible que estas lágrimas sean de una colombiana como yo. Que este rostro, con el más evidente signo de dolor, sea de una colombiana como yo. Me resisto a creerlo.

Sus manos visiblemente maltratadas cubren un rostro surcado de arrugas con una expresión de dolor infinito.

Este rostro corresponde a la madre digna, luchadora y sacrificada de un muchacho de veinticinco años masacrado en Santa Rosa de Osos, población atacada no por animales, porque ni el más feroz, hambriento, perseguido o salvaje haría lo que hicieron esos desalmados con estos campesinos.

El Tiempo no dice nada al respecto; ni El País , de Cali; ni La Crónica del Quindío, de Armenia. No les mereció una línea la tragedia. El Colombiano lleva dos días mostrando los ángeles de Victoria Secret, pero la señora con el rostro de dolor ya la quitaron. Duró pocos minutos.

Esta masacre no estará mañana ocupando ni un renglón, pero la galería del concierto de Lady Gaga seguirá en cartelera varios días, hasta que llegue el de Madonna.

El gobierno ofrece 150 millones de pesos para quien dé información sobre los autores de la masacre en Santa Rosa, mientras por delatar atentados contra personajes renombrados, sean honestos o cuestionados por sus actuaciones públicas, la oferta sube hasta 500 millones. El precio de la vida varía según los apellidos".

El café ya está frío y los correos han perdido el interés. Tomo el periódico, miro la foto en la edición impresa y mis ojos también desaguan. Debajo, un titular más pequeño alerta de otro drama: "Hay 233 personeros amenazados". Y retumba en mi memoria la voz del presentador del noticiero: "Cuatro babillas aterrorizan a Barranquilla". ¡Uf, qué miedo… Esas sí son noticias de interés nacional.

Los colombianos estamos anestesiados. De tantos golpes que hemos recibido, cada vez nos duelen menos. La señora que llora la muerte de su hijo se nos habrá olvidado mañana muy temprano, porque la tragedia, simplemente, cambiará de rostro y de lugar.

Se me acaba el espacio y dos preguntas afloran: ¿Será que ante la impotencia optamos por la insensibilidad? ¿Será más saludable para el alma hacernos los pendejos? Respuestas. Sigo pidiendo respuestas.