HISTÓRICO
De la nostalgia al compromiso
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EL COLOMBIANO | Publicado el 23 de diciembre de 2012

Este 24 de diciembre de 2012 tiene para El Colombiano un especial significado. Es la primera Navidad del segundo centenario que hemos empezado a vivir. Por eso, antes de cualquier reflexión, queremos compartir con nuestros lectores la alegría y el entusiasmo que nos han animado en este año de celebraciones y nuevos empeños.

Tanto por tradición fundacional, como por el legado de valores que recibimos de quienes nos antecedieron y por el compromiso que con la celebración de los cien años hemos revivido, estamos decididos a mantener encendida esta luz, que iluminando hoy como símbolo clásico de Navidad, resplandece con más luz para propios y extraños. Felicitaciones, pues, y gratitud imperecedera para quienes nos han acompañado y han estado cerca de nosotros durante esta conmemoración centenaria que, como lo hemos repetido una y otra vez, más que una cosecha de nostalgias y recuerdos, queremos que sea una sementera de compromisos, de renovación y de cambio.

Este, por lo demás, más allá de la coyuntura señalada, debe ser el sentimiento que nos embargue a todos, personal, familiar y socialmente, en esta Navidad. Aunque ninguna época más arraigada en nuestras tradiciones y en los recuerdos infantiles, también ninguna otra más adecuada para entender que la vida es siempre compromiso de futuro. En el sentido más hondo de la propuesta de fe que nos congrega en torno al nacimiento de Jesús, la Navidad es sobre todo un llamado al cambio, a la transformación ética, moral y cívica que debemos compartir para sacar adelante la misión conjunta y de contribuir a un mundo mejor, en la justicia y en la paz.

Navidad es pluralismo, es acogida, es perdón, es fraternidad. Palabras y conceptos que siguen marcando el camino de un país que, como el nuestro, sabe que no tiene más alternativa que la paz y la concordia. Habrá que recordarlo en un año en el que, entre vicisitudes y desconciertos, se está abriendo un horizonte a la solución negociada del conflicto. La Navidad nos enseña que la paz, para ser logro, debe apoyarse en una expectativa de esperanza y tener una base firme de fe y de buena voluntad.

Que tengamos, pues, una Navidad en paz y alegría. Ese es nuestro deseo. Una Navidad sin guerra, sin violencias, ni asesinatos. Un Navidad llena de solidaridad social. Una Navidad de compromisos y no de enfermizos recuerdos inútiles.

Y, aunque dicho a la postre pero con urgencia absoluta, una Navidad sin pólvora, sin niños quemados. La pólvora es una macabra nostalgia que hay que desterrar con un compromiso de disciplina social, una Navidad en paz y alegría. Ese es nuestro deseo..