HISTÓRICO
DE TROPIEZO EN TROPIEZO
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Por ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ | Publicado el 11 de junio de 2013

Le fue bien a Santos en Londres. Aplaudido y halagado. Conmovió a los asistentes al foro sobre los atractivos que ofrece la inversión en Colombia. Tiene un cuñado de embajador que hace de eficaz lobbysta. Viajó a Israel, pero no se asomó al Huerto de los Olivos para no recordar el tema de las traiciones…

A Santos le va mejor cuando habla desde afuera que desde adentro. Aquí trastabilla en la sindéresis. Se tropieza en el manejo de algunos asuntos internacionales. Pareciera que internamente sus asesores fallaran. O que escuchara demasiado a su Canciller para plantear situaciones que van en contravía del sentido común o de las conveniencias nacionales.

Recibió al candidato de la oposición venezolana, desafiando abiertamente al jayán vecino. Y cuando el país aplaudía ese gesto de destete del bocón Maduro, salió a dar explicaciones sobre el abrazo a Capriles, en una posición tan implorante y temblorosa que hizo estremecer de vergüenza a la opinión sensata colombiana. A falta de cancillería acude al expresidente Lula para que lo reconcilie con Maduro. Luego, para darle continuidad a sus persistentes reculamientos proclamó que íbamos a entrar en la Otan.

El país ya veía sus viejas fragatas escoltando en medio mar a los grandes navíos de las armadas de las superpotencias militares. Pero vino el desinfle. El sueño imperial se rompió. Aullaron los países del Alba. La misma Otan sentenció que Colombia no clasificaba por estar por fuera de sus cuadrantes geográficos. Debíamos conformarnos con seguir persiguiendo los barcos de aventureros nicaragüenses que cada día invaden más lo poco que nos va quedando de mar territorial en el Caribe...

Para enmendar en algo ese precipitado anuncio presidencial, contraevidente e imposible, salió el ministro de Defensa a corregir el desaguisado presidencial. Porque en Colombia los ministros que no tienen que ver con los asuntos diplomáticos, son los que mejor explican su filosofía. El mundo al revés. Dijo Pinzón, para calmar las turbulentas aguas internacionales, que lo que quiso decir y no dijo el Presidente era que Colombia buscaba solo un acuerdo en la Otan en temas de seguridad y no ser socio pleno de ese organismo marcial.

Pocos entendieron el retruécano. Mas cuando no se precipita para hacer anuncios descabellados, incurre en sobredimensionamientos como en el caso de la OCDE.

Quienes oyeron al Presidente en sus aleluyas saltaron de júbilo de sus asientos. Ya creían compartir responsabilidades y decisiones con las naciones más desarrolladas del mundo. Luego el desinfle comenzó. Se exageró la primicia informativa.

Para estar en la Organización debemos cumplir una serie de exigentes requisitos. Para lograr la meta se requieren más de tres años de trabajo. Debemos bajar aceleradamente los altos índices de corrupción, de exclusión social, de pobreza y miseria, entre otros muchos factores, que no son fáciles de lograr a corto plazo. Máxime cuando hoy la economía se resiente esencialmente con la caída de los índices de crecimiento.

El Presidente parece jugar mejor como visitante que como local. Aquí los cañazos de apostador de póquer lo enredan y confunden. ¿No será entonces más conveniente y acertado que opine sobre temas internacionales desde el exterior y no desde el país?.