HISTÓRICO
Desde las entrañas de Pescadero Ituango
Gustavo Gallo Machado | Publicado el 02 de agosto de 2008
Los verdaderos dueños del proyecto hidroeléctrico más ambicioso de Colombia viven en medio de montañas imponentes, en las que la geografía dibuja formas caprichosas, paisajes asombrosos.

Entre las montañas que albergarán la segunda represa más grande de Suramérica, la de Pescadero Ituango, están quienes esperan que por fin la ilusión cultivada durante muchos años empiece a concretarse. En el megaproyecto muchas personas cifran la esperanza de redención económica y social de una zona particularmente olvidada de las decisiones de gobierno, en la que la inversión es casi nula y a cuyos habitantes les queda la lucha por la supervivencia en condiciones desventajosas.

Desempleo, pobreza, hambre, desnutrición, problemas de violencia hacen parte de la cotidianidad de las comunidades que ven, con esperanza, el sueño del progreso, así se tarde unos años más.

Hoy toda esta región del Norte Lejano y de la cuenca media del río Cauca, en el departamento de Antioquia, tiene en su agenda el referente de la represa Pescadero Ituango, para salir de los atolladeros en los que los ha sumido el abandono sempiterno que padecen.

El proyecto ya no se ve como un imposible. En los municipios de influencia de la obra todos o casi todos hablan de lo que significará para las regiones. Ituango, Toledo, Sabanalarga, Peque, Briceño, Yarumal, Liborina, San Andrés de Cuerquia y Buriticá serán tocados de una u otra manera por la represa.

Los municipios de la zona de influencia hacen cuentas de los ingresos que recibirán de una obra que les cambiará la vida. Por ejemplo, las autoridades de Ituango proponen a Empresas Públicas y al Idea que adelanten las regalías de los dos primeros años para, en el caso de este municipio, hacer inversiones en electrificación ya que solo el 26 por ciento el municipio cuenta con energía eléctrica. Es una forma, dicen, de que la gente empiece a palpar el proyecto.

EL COLOMBIANO recorrió el corazón del cañón del río Cauca, que le dará forma a la hidroeléctrica Pescadero Ituango. En Orobajo, Sabanalarga, los 77 habitantes de la vereda tendrán que salir porque el pequeño poblado quedará inundado.

En el corregimiento El Valle, de Toledo, las 42 familias saben que el futuro del lugar cambiará radicalmente.

Y en Pescadero las cuatro familias que viven a orillas del Cauca saben que la vida les cambiará pero no lo dimensionan. Lo mismo dicen en la cabecera de Ituango, donde muchos habitantes sueñan con un mar en su jurisdicción.

De la pelea por la mayoría accionaria entre el Idea y EPM poco saben. O no les importa. Lo que sí les inquieta es que, a la vuelta de un año, el paisaje y su cotidianidad cambiarán. ¿Para bien? ¿Para mal? Son muchos los que dicen que para mejorar porque una megaobra como esta traerá progreso e inversiones cuantiosas.

Allá abajo, en las entrañas del cañón del Cauca, confían en que la vida sea más sencilla en 10 años, cuando la hidroeléctrica empiece a generar energía para todo el país.