HISTÓRICO
DÓNDE SE APLICAN LOS ESFUERZOS
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    DÓNDE SE APLICAN LOS ESFUERZOS |
Por ARTURO GUERRERO | Publicado el 26 de febrero de 2013

Los eslabones fundamentales de la vida -amor, sexo, creación, proyección, muerte- escapan al sudor. Estas encrucijadas que atormentan a los individuos desobedecen la ley de causa-efecto. Así que es bien insustancial la palanca que aplicamos en procura de su realización.

Los asuntos cruciales no se dejan encarar con los viejos métodos de planificación, empeño y medición de resultados. Pésimos administradores e ingenieros resultan los hombres cuando aplican sus espaldas a la construcción del amor soñado o cuando pretenden morigerar la muerte.

¿Significa esto que haya que sentarse en la puerta de la casa ‘a ver pasar el cadáver del enemigo’, como predicaban en sus tiempos bárbaros los aniquiladores del imperialismo? No. Voluntad, esfuerzo e inteligencia son atributos magníficos sin los que sería quimera cualquier conquista.

Suena a contradicción, pero no lo es. Es que el dilema no está entre arrojo y pereza, pues la pereza como fórmula está descartada. El verdadero desafío consiste en adivinar el punto y momento exactos dónde y cuándo es preciso aplicar la fuerza. ¿Cómo ganar este lance?

Desechada la pretensión de utilizar el denuedo como causa eficiente de los logros esenciales, surge la búsqueda de palancas que operen de modo indirecto o elíptico. Nada puedo hacer para enamorarme de la mujer adecuada, nada para alcanzar la muerte menos dolorosa. No obstante, existen resortes sobre los que conviene presionar para que el engranaje universal me favorezca.

"Renuncia a esforzarte demasiado, pero no renuncies nunca", aconsejaba Frederick Alexander, actor de teatro australiano creador de célebre técnica de postura corporal. Su fórmula encierra paradoja fértil que solo se comprende en el marco del funcionamiento vital general. Los individuos carecemos de poder para fijar los pasos determinantes que nos constituyen. Fuerzas incógnitas, corrientes subterráneas, establecen de modo aleatorio esos mojones. Frente a ellas nos corresponde la disponibilidad, la entrega a disposiciones que nos desbordan. Y aquí aparece el horizonte de nuestra responsabilidad: esta actitud de apertura no es fácil.

Los deportes marinos son buena imagen. El surfista no combate con olas ni vientos. Luego de conocerlos, se hace su aliado, perfila su cuerpo a merced del enigmático poderío encrespado. Y en este perseverante profesionalismo se le va la vida.