HISTÓRICO
Dosis peligrosa de energía para los jóvenes
Por LAURA VICTORIA BOTERO | Publicado el 04 de mayo de 2013
Basta un recorrido rápido por los sectores en los que los jóvenes buscan diversión en las noches. En los parques, bares, discotecas y licoreras abundan las latas de bebidas energizantes.

Los mantiene activos, dicen unos. Les prolonga la experiencia de rumba, dicen otros. Les calma el efecto de guayabo al día siguiente, agregan. En otros segmentos, el uso de estos productos se suscribe a un mayor rendimiento en la actividad física. Lo toman antes o después de hacer ejercicio o para tolerar mejor extensas jornadas de estudio o trabajo.

En Medellín las bebidas energizantes se venden -y se consumen- como si fueran refrescos. A esto se suman las facilidades de acceso para los consumidores. Cuando empezaron a popularizarse, la lata de una de ellas costaba 10.000 pesos, hoy cuestan $1.500 y, la más costosa, lega a los $5.000.

Esta nueva dinámica es calificada por los expertos como "alarmante".

El médico toxicólogo Hugo Gallego Rojas afirma que el apego por estas bebidas nace de la búsqueda de "soluciones rápidas" a las necesidades de la vida moderna. "Se aplica la ley del menor esfuerzo. La lata de energizante es más fácil que otras cosas que reparan al organismo, como dormir o hacer ejercicio".

A María* le gustan mucho. Ella se activa, le permite estar despierta cuando tiene exámenes en la universidad. "Y como el licor no me cae bien, me gusta mezclarlo con esto, siento que no me emborracho tanto", dice esta joven de 20 años, estudiante universitaria.

Ella cuenta que sus amigos también buscan la bebida para recuperarse de la resaca o cuando van al gimnasio. "Al principio es pesadita por el dulce, pero luego uno se acostumbra y le toma gusto".

Gallego Rojas les da un no rotundo a cualquiera de estas "ocasiones de uso".

"Se toman una lata durante la rumba y su percepción de la ebriedad se altera. La sustancia no reduce la borrachera pero la persona se siente más alerta, aunque sus capacidades de reacción, de cálculo, de equilibrio, de conducción, están totalmente afectadas. Compiten los efectos estimulantes de la bebida con el efecto depresor del alcohol".

Este especialista agrega que se han equivocado los consumidores al pensar que los energizantes funcionan para antes o después del ejercicio o para reponerse del guayabo. "Una persona con resaca tiene un desequilibrio de electrolitos -sodio y potasio- los energizantes son diuréticos y aumentan la deshidratación. Y además, acelera el corazón, y hay que recordar que la persona enguayabada tiene, de entrada, taquicardia".

Maximiliano Kammerer, profesor de nutrición de la Universidad de Antioquia y consultor en Indeportes agrega que no existe evidencia científica de que los energizantes aumenten el rendimiento físico a los deportistas.

Kammerer es autor de un estudio realizado en adultos, deportistas y miembros del Ejército, que evidenció que el consumo de estas bebidas no aportó ni fuerza, ni estabilidad, ni resistencia, ni saltabilidad, elementos claves en el desempeño físico.

Al contrario, este especialista destaca que las bebidas energizantes esconden riesgos para el organismo. "Uno, porque son un preámbulo para el uso de otras sustancias de tipo psicoactivo. Cuando se abusa puede haber problemas cardiovasculares, hepáticos y del sistema neurológico".

El alcohol y los energizantes no se deben mezclar, son un coctel peligroso. "Al combinar con el alcohol, el sistema nervioso recibe un mensaje contradictorio, pues se mezcla con productos que, en algunos caso son depresores y en otros estimulantes".

El doctor Gallego indica que estas bebidas deberían tener explícita una advertencia sobre su consumo, similar a la que se encuentra en los paquetes de cigarrillos. "En Colombia no existe una reglamentación que controle su comercio, solo se indica que no se deben vender a los menores de edad, pero es claro que ellos tienen acceso a los productos en cualquier tienda de esquina o charcutería".

Gallego precisa que en varios países europeos ya hay restricciones claras para su venta y en Austria solo lo venden con fórmula médica. Explica que su consumo frecuente supone un riesgo mayor para los más jóvenes. "Ellos no han culminado la poda neuronal o maduración cerebral, que se da hasta los 21 o 25 años. Cualquier sustancia que altere el funcionamiento normal del organismo va a frenar y lentificar la maduración cerebral".