HISTÓRICO
EL CAFÉ, UN SÍMBOLO QUE SE CONSUME
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    EL CAFÉ, UN SÍMBOLO QUE SE CONSUME |
Por JUAN JOSÉ GARCÍA POSADA | Publicado el 10 de marzo de 2013

Me asombra la improvidencia estatal para valorar el café no sólo por su peso económico sino, sobre todo, por su categoría de producto simbólico y referente de la identidad nacional. No entiendo cómo tuvieron que organizar los cafeteros un paro, con los daños colaterales que ocasionó, si al Gobierno le habría bastado un mínimo de celeridad y eficiencia para atender reclamos obvios, legítimos, que al final fueron resueltos el viernes mediante la intervención del Vicepresidente y cuatro ministros.

El pragmatismo radical del régimen funciona para conseguir ciertos fines, pero debería tener sus límites para que los intereses políticos y la exhibición de logros hacia afuera no subordinaran criterios éticos fundamentales. La gente ha venido descalificando en las encuestas la ineficiencia para resolver cuestiones internas de primer orden, mientras, en contraste, se porfía en exhibir como exitosa la elección de nuevos mejores amigos, la anatematización de socios y copartidarios incómodos, la formación de alianzas de conveniencia con los contradictores y la longanimidad buenista en los diálogos de La Habana.

El grano de café debería sustituir en el escudo el corno de la abundancia o el istmo de Panamá. El gremio cafetero sostuvo la economía nacional durante decenios. Construyó escuelas, acueductos, carreteables, etc. Los motivos del paro que terminó hace dos días no los desconceptuó ni el Gobierno, que en últimas, como se había pronosticado, aceptó unas condiciones que habría podido admitir desde el comienzo, sin necesidad de señalamientos insidiosos ni dilaciones perjudiciales.

Hablar del café es tener presente el protagonismo de la gente cafetera en todos los sectores de la sociedad y no sólo en el económico. El talento creativo, la imaginación desbordada, la fortaleza de la unidad familiar, el voluntarismo transformador, el talante democrático y civilista, la salvaguarda de las mejores tradiciones y la contribución al progreso integral del país son distintivos de la cultura del café. Y lo digo por el entorno prodigioso del Suroeste de Antioquia, el Quindío, Risaralda y Caldas. Ese paro no tiene antecedentes en la historia socioeconómica. Lo desconcertante está en el desdén y la negligencia con que se le miró desde algunos frentes de la dirigencia pública y privada.

Un pragmatismo lanzado al extremo puede disolver la integridad nacional, si menosprecia valores, costumbres y rasgos auténticos de identidad, como el café y la cultura que ha generado. No fue por capricho que la Unesco eligió el Paisaje Cultural Cafetero (aunque Antioquia salió excluida) como patrimonio de la humanidad. El pragmatismo chino es modelo en el mundo, con la economía socialista de mercado, pero si afectara su integridad nacional volaría en mil pedazos. Aquí, la unidad nacional no parece más que un partido ocasional y desechable. Está volviendo el café un símbolo que se consume.