HISTÓRICO
El camino de los inmigrantes
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EL COLOMBIANO | Publicado el 02 de febrero de 2013

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, lanzó la advertencia, alentado por el notorio apoyo latino en su reelección: "Con o sin acuerdo bipartidista, este gobierno presentará para su aprobación una reforma migratoria".

Lo dijo el martes pasado, un día después de que ocho senadores, cuatro demócratas y cuatro republicanos, presentaran un proyecto de acuerdo para sacar adelante una reforma que regularice a no menos de 11 millones de indocumentados.

Ambos hechos, quizás lejanos en el tiempo, pero como eje central del futuro político de Estados Unidos, ratifican lo que ya fue un fallo electoral: los inmigrantes y las mayorías afroamericanas seguirán eligiendo presidentes, mientras los americanos puros, demócratas y republicanos, elegirán a senadores y representantes.

El asunto de fondo es que unos y otros quieren lo primero. Hay un dicho muy popular en Estados Unidos, según el cual, todo congresista se ve como presidente cada vez que se mira al espejo.

Obama ha marcado territorio, pensando más en su sucesor. La reforma migratoria será la posibilidad de mantenerse en el poder, salvo que los republicanos cambien de postura frente al tema y conviertan la derrota de 2012 en una oportunidad para apoyar la reforma en el Congreso.

No resulta una casualidad que dentro de los cuatro senadores republicanos que presentaron un proyecto de reforma figuren hombres como John McCain y Marco Rubio, los dos extremos del partido conservador. Rubio, aunque joven, podría ser la esperanza de los republicanos para regresar a la Casa Blanca.

En ese contexto, la posibilidad de aprobación de una reforma migratoria integral es cada vez más posible. La pregunta es si los términos de la que se acaba de conocer los podrán cumplir los miles de indocumentados. El hecho de que un inmigrante deba pagar los impuestos que dejó de cancelar durante su permanencia en Estados Unidos, implica que muchos elijan mantenerse en la clandestinidad.

Otros requisitos, como pagar una multa por haber ingresado a EE. UU. de forma irregular, así como verse obligado a aprender inglés, no resultan tan difíciles de cumplir. La "amnistía" que, seguramente, será debatida en el Congreso puede ser el gran obstáculo entre demócratas y republicanos.

No se puede olvidar que uno de los temas que más apoyo electoral le quitó al candidato republicano, Mitt Romney, fue la propuesta de autodeportación de inmigrantes.

No sólo Obama, sino el resto de los demócratas, tienen claro que las banderas de la economía seguirán siendo fundamentales para ampliar el margen de maniobra política para sacar adelante la reforma migratoria.

Los republicanos, por su parte, se juegan una partida doble.

No apoyar la aprobación de la misma los condenaría al rechazo de la nueva mayoría social de Estados Unidos y, por ende, de quienes los eligen. Y de hacerlo, entregarían más banderas a los demócratas, que ahora sí podrían decir que Obama sí les cumplió.

De cualquier forma, los pasos para una aprobación están dados. Ahora lo que resta es esperar cómo ambos partidos se mueven en el nuevo escenario político de Estados Unidos. Ese que los inmigrantes cambiaron para siempre.