HISTÓRICO
El caso de lance armstrong ilustra cómo la mentira y el engaño pueden conducir a un doloroso infierno
EL COLOMBIANO | Publicado el 19 de enero de 2013

Todo podría haber sido distinto si en algún momento de su vida el ciclista norteamericano Lance Armstrong hubiese hecho caso a la famosa advertencia del presidente Abraham Lincoln que ratifica que nada queda oculto en la tierra: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Sin embargo, en contraste con sus músculos de acero, la flexibilidad de su conciencia, le permitieron al ciclista de Texas, rebasar los límites como persona y deportista.

Lo paradójico es que hubiera tomado la decisión de hacerlo, justamente después de haber sido premiado por la vida, que le dio una nueva oportunidad cuando milagrosamente superó un cáncer.

En la entrevista con Oprah Winfrey, que reveló el rostro más oscuro del deportista, se conoció que el dopaje que le permitió subir al olimpo, como ganador de siete tours de Francia, fue una acción consentida, a conciencia y con un alto nivel de sofisticación.

No puede hacerse leña del árbol caído, si admitimos que el ser humano es propenso al error. Y más si hay solicitud de perdón y muestras de arrepentimiento, aunque a algunos las de Lance les parezcan tibias.

El infierno que ahora vive Armstrong, y el dolor que sufren también su familia, el deporte y la sociedad que defraudó, ilustra muy bien lo que no se debe hacer, en cualquier campo de la actividad humana. Una lección para no olvidar.