HISTÓRICO
El colapso previsible del Space
  • Ilustración: Carolina Cadavid
    Ilustración: Carolina Cadavid
El Colombiano | Publicado el 13 de octubre de 2013

Decenas de moradores del conjunto residencial Space, en la parte alta de El Poblado, llevaban semanas alertando sobre fisuras, grietas, desajustes y crujidos en los apartamentos de varias de las torres que componen esa serie de edificios construidos a manera de medialuna.

La situación pasó de delicada a grave el pasado viernes, cuando las grietas en los apartamentos de la etapa 6 alertaron a los habitantes, a tal punto que el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres, Dagrd, intervino y expeditivamente ordenó la evacuación inmediata. Esa medida preventiva hizo que hoy, siendo tristísima la tragedia que todos lamentamos, no estemos doliéndonos por quizás cientos de vidas perdidas.

La etapa 6 de Space colapsó en la noche del sábado. A la hora de escribir este editorial, hay un muerto, 10 desaparecidos y dos heridos. Y gran incertidumbre sobre la estabilidad de las que quedan en pie. Ha ocurrido un desastre, que podrá ser mayor, y era un desastre previsible. La indignación de los moradores de la unidad residencial es comprensible, y los interrogantes que se hace toda la ciudadanía están justificados.

Hay procedimientos técnicos especializados, peritos calculistas y expertos que podrán determinar con certeza las causas exactas del derrumbamiento del edificio. No parece, a primera vista, ni así lo indican los indicios preliminares, que se deba a una fuerza mayor o a un caso fortuito.

Comprendiendo y compartiendo el dolor de todos los que han sufrido pérdidas y cuyo proyecto de vida sufre un serio revés, hay que esperar con calma y confianza el dictamen técnico. Eso sí, esa cabeza fría no excluye que las autoridades, incluyendo a la Fiscalía General de la Nación, actúen de forma que garantice la mayor eficacia en la recopilación de elementos probatorios que sirvan para resarcir los derechos de los propietarios, arrendatarios e inversionistas.

Las responsabilidades, pésele a quien le pese, tendrán que ser depuradas y establecidas por las autoridades administrativas y judiciales. No sólo las atribuibles a los constructores y calculistas, que tendrán que dar la cara y ofrecer explicaciones, sino la de las propias autoridades que siguen sin cumplir sus obligaciones de control y vigilancia sobre las edificaciones que aprueban sin mayores garantías.

No hay que hacer juicios paralelos ni incurrir en condenas derivadas de un estado de conmoción emocional. Pero, por lo pronto, sí hay que decir que poco ayudó al cabal control de la situación el comunicado expedido el viernes (antes del colapso del edificio) por la constructora CDO desestimando los verdaderos riesgos. Nadie puede decir que ellos sabían lo que iba a pasar, pero por lo menos sí era exigible una mayor previsión de los efectos del resquebrajamiento alarmante de la estructura.

Hay ya antiguas opiniones de respetados ingenieros hablando de la saturación de esa zona, y de otras en El Poblado. De la incapacidad de la tierra de soportar una edificabilidad descontrolada, sin límites. A pesar de todo, ni las administraciones municipales, ni Planeación, ni, por supuesto, los mismos constructores, se han dado por aludidos. No es la primera tragedia. Seguramente vendrán más.

El año entrante Medellín será sede del Foro Mundial Urbano. Una oportunidad no de jactarse de cuestionables excelencias y mirarse el obligo, sino de reflexionar con humildad sobre todo lo que nos falta por aprender, de todo lo que echamos de menos un urbanismo con cordura.