HISTÓRICO
El crimen del Centro se maneja desde la periferia
  • El crimen del Centro se maneja desde la periferia | Tres zonas complejas del Centro en seguridad: 1. Parque San Antonio. 2. Barbacoas. 3. El Raudal.
    El crimen del Centro se maneja desde la periferia | Tres zonas complejas del Centro en seguridad: 1. Parque San Antonio. 2. Barbacoas. 3. El Raudal.
Por NELSON MATTA COLORADO | Publicado el 15 de octubre de 2012

El negocio está tan malo para las prostitutas de La Veracruz, que ni los “convivires” se animan a extorsionarlas. “A los travestis les cobran una cuota, a nosotras no”, dice Valeria*, recostada con modorra en la pared de la iglesia de este céntrico y desahuciado sector de Medellín.

La chica tiene 20 años y su barriguita de cinco meses de embarazo no le impide posar en la calle, esperando que algún perverso le pague 20.000 pesos por un “rato”. Pero hoy le va mal, son las 4 p.m. y no ha pescado clientes, en parte, comenta ella, por las bandas que operan en La Candelaria, la comuna 10 que llamamos el Centro.

Meretrices, comerciantes, vendedores informales, buseros, “minuteros” y cualquiera que tenga un negocio en el corazón urbano de la ciudad, teme que de súbito se le arrimen estos ilegales a exigirles el pago “de la vigilancia”.

Para contrarrestar la situación, las autoridades diseñaron el Plan de Intervención Integral del Centro, que ya comenzó a pisarle los callos al bajo mundo. La respuesta del crimen organizado fue infiltrar una protesta de comerciantes informales hace dos semanas, que terminó en una gresca de dos días, destrozos y pérdidas cercanas a los 1.000 millones de pesos, según Fenalco.

Lo que tal vez no saben Valeria ni los demás habitantes del área, es que el poder criminal del Centro se administra desde afuera, por cuatro Organizaciones Delincuenciales Integradas al Narcotráfico (Odín) que tienen base en la periferia de la metrópoli.

Según análisis judiciales, se trata de las bandas “San Pablo” (asentada en la comuna 1), “los Triana” (comuna 2), “Picacho” (comuna 6) y “Caicedo” (comunas 8 y 9). De estos grupos dependen los combos locales, denominados “convivires”, aunque nada tengan que ver con las antiguas Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Privada para la Defensa Agraria (Convivir), legalizadas por el Gobierno en 1994 y clausuradas en 1997.

El número de estas facciones no está definido, aunque de acuerdo con pesquisas policiales y ONG como Corpades, podrían ser entre 16 y 27. “Lo que pasa es que fragmentan las zonas para vigilarlas con pocos hombres, y así la gente piensa que son muchos combos, cuando en realidad no son tantos”, aclara un investigador policial.

Las “convivires” reciben su nombre del sector donde actúan, siendo las principales la de “El Raudal-Rojas Pinilla”, “La Bastilla”, “La Bayadera”, “Niquitao”, “San Antonio”, “Juan del Corral”, “El Chagualo” y “Bolívar-Barbacoas”; subsidiarias de estas, son las del “Incendio”, “Samaritano”, “El Hueco”, “Alhambra”, “La Veracruz”, “San Benito”, “Cisneros” y “Cundinamarca”.

En la zona también ejercen influencia combos externos, aunque focalizados en el cobro de “vacunas” a los buses en los paraderos y el tráfico de drogas. Es el caso de “los Chicorios” (San Antonio de Prado), “la Unión” (de Itagüí) y “Pachelly” (Bello), según la Policía.

El secretario de Seguridad de Medellín, Eduardo Rojas , expresa que “en el Centro confluyen todas las dinámicas criminales”. Por eso allí comenzó el primer Plan de Intervención, de los 21 que se harán en toda la urbe (uno por cada una de las 16 comunas y los 5 corregimientos). La inversión inicial fue de 200 millones de pesos para dotación policial.

El más buscado
De los presuntos cabecillas del Centro, el más buscado es Ferney Moreno López , un desmovilizado del bloque Héroes de Granada, de 43 años y apodado “el Montañero”. Su rostro es conocido por la lista de los más buscados y las autoridades lo sindican de ser el supuesto líder de la Odín “Picacho” y socio de “la Oficina”, con influencia en el Doce de Octubre, Castilla, La Candelaria y los corregimientos San Cristóbal y San Félix (Bello).

Para el general Yesid Vásquez , comandante de la Policía Metropolitana, “es uno de los que maneja el tema del vicio en el Centro, hurtos, extorsiones y es el protagonista de las protestas violentas que se presentaron”. Y sentencia: “Es un imperativo de la Policía capturarlo”.

Pese a semejante prontuario, “el Montañero” se las ha ingeniado para portar armas con permiso legal (conocido por el N°P1096400). La Fuerza Pública lo ha sorprendido tres veces con una pistola CZ de calibre 9 m. m., aunque por el salvoconducto no lo pudieron arrestar (el 19/5/07, 18/5/06 y 10/5/06), según el expediente.

Su hombre de confianza y enlace con las “convivir” es alias “Diadema”, quien carece de orden de captura, aunque en su expediente cuenta con dos detenciones por porte ilegal de armas y falsedad documental. Tuvo salvoconducto para una pistola Browning calibre 22, con la cual fue reseñado el 08/6/06 en la plazuela Rojas Pinilla.

Otros cabecillas que al parecer administran el negocio son “Sandro”, “el Peinado” y “Pedro Pistolas”, quien sobrevivió a un atentado a bala el pasado 26 de junio en Laureles.

Felipe Palau , secretario de Gobierno en la pasada Alcaldía, asegura que los delincuentes de La Candelaria están identificados: “Existe información suficiente para que esos cabecillas caigan pronto. El problema no es un ejercicio de vendedores indisciplinados, sino que hace parte de un entramado para poner a circular activos ilegales y lavarlos en el Centro”.

El negocio que está en juego
“¡Uno se pone a hablar de esa gente y se embala!”, dice nervioso Aurelio*, en la zona del Palacio Nacional. Sostiene una caja con perritos chillones traídos de la China, que mueven la cabeza afirmativamente, como validando el temor de su vendedor.

El señor de 53 años, 18 de los cuales ha trabajado en el Centro, cuenta que la primera vez los delincuentes le cobraron 2.000 pesos por el derecho a vender en una cuadra. Hoy le exigen 15.000 semanales, es decir, la ganancia de un día laboral. “Si no pago, me quitan la mercancía y me tengo que ir”, relata.

En La Candelaria, el día de pago de la extorsión es el sábado y ni de riesgos se puede regatear con la tradicional frase del Centro: “¿Cuánto es lo mínimo, patrón?”.

Según víctimas de esa conducta, los buseros pagan de 10.000 a 30.000 pesos a la semana, lo mismo que los locales comerciales; a los vendedores de mecato y “minuteros” les quitan de 5.000 a 7.000.

Un costeño que lleva 11 años vendiendo papaya cerca de la Plaza Botero, recalca que hay establecimientos a los que les cobran 40.000 y 50.000 “pesares”.

Está tan generalizada la percepción, que a los recién llegados los reciben advirtiéndoles esa “norma”. Una vendedora de minutos a celular, en El Hueco, indica: “Hace 15 días llegué de Cali y me dijeron que había que pagarle a una ‘convivir’”. Y a una repartidora de avenas del Parque Berrío, que arribó hace dos meses de Quibdó, le contaron que “‘las convivir’ mandan aquí, que son reinsertados”.

Los “convivires” obtienen usufructo de la vigilancia ilegal, “vacunas”, el “pagadiario” y las drogas. La Policía identificó 88 plazas de vicio en la comuna y 25 puntos de acopio, donde la mercancía llega por kilos y se distribuye en dosis. “Estos puntos los cambian cada uno o dos meses, unos están en residencias de Barbacoas y la Plaza Cisneros”, acota otro investigador.

El secretario Rojas señala que los delincuentes también participan en negocios legales, como los juegos de azar y la comercialización de licor.

Otro rubro nace de una regulación clandestina del espacio público y de quienes trabajan en él. Valeria afirma que en La Veracruz solo les permiten trabajar a tres travestis, y señala con la lengua a una belleza de botas rojas, cuya apariencia femenina engañaría al más experto de los donjuanes.

Aurelio manifiesta que hay lugares “tan monopolizados” que no dejan trabajar a los vendedores ni siquiera pagando, “no sé cuál es la política”, se cuestiona viendo a sus perritos brincar.

El caso es objeto de investigación académica: Andrés Rendón , exsecretario de Gobierno de Antioquia y docente de Eafit, coordina un estudio sobre los mercados criminales en Medellín. “En el Centro hay un interés por capturar la renta derivada de la ocupación ilegal del espacio público, extorsionando servicios como la venta de celulares, la prostitución, el ‘pagadiario’; pero también con el intercambio de bienes piratas, como CD, libros y ropa, todo eso podría estar permeado por combos”, precisa Rendón.

Robos a granel
El Colombiano recorrió durante dos jornadas los vericuetos del Centro, confirmando con peatones y trabajadores que el principal lío de seguridad son los atracos. El coronel Fabio Rodríguez , comandante del Distrito Centro, afirma que los sitios que requieren vigilancia especial son la avenida La Playa, el Parque de Berrío y la Plaza Botero. Para la comunidad, a esos lugares se suman Prado Centro, el Parque San Antonio, El Raudal, La Veracruz, Plaza Cisneros, el viaducto del Metro entre Berrío y Prado, y el cruce de El Palo con San Juan (carrera 45 con calle 44).

Camilo Arango , director del Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia de la Alcaldía, declara que en lo que va del año, con relación al mismo periodo de 2011, los hurtos han aumentado un 14 por ciento en La Candelaria (552 hechos registrados, contra 486 del año pasado).

Apunta que los homicidios bajaron un 16% en la zona (112 muertes, 21 menos que en 2011), donde se mueven cerca de un millón de personas a diario.

Los “convivires” castigan con severidad a los ladronzuelos. “Me tocó ver que un raterito le robó un celular a una señora, por Bolívar, y lo cogieron a patadas y le reventaron una ceja”, explica el papayero lanzando golpes de karate al aire.

Pese a la brutalidad, hay comerciantes que los respaldan. “Esa gente se mantiene pendiente de los almacenes y cuidan de noche”, opina un relojero de Carabobo. Intuición similar tienen un par de tenderos de Prado Centro, que ven en los “convivires” un remedio contra la presencia de indigentes.

Por eso el coronel Rodríguez insiste en que “la gente también es culpable de la ilegalidad, no confía en las autoridades y está es auspiciando más delitos”.

Un comerciante de la avenida Oriental denuncia que son los mismos “convivires” los que hurtan en sectores que no están bajo su custodia. “Hay una pareja de venezolanos que trabaja con ellos”, advierte mordisqueando una pepa de mango.

Pobladores del Centro cuentan que hay algunos “celadores” de estos que andan con una varilla, aunque nunca con armas encima. Visten de civil y tres veces al día hacen ronda, moviéndose entre los comerciantes que gritan por megáfono “¡compre el tumba-callos!”, “¿qué tallita busca?” y “¡chúpenme el cono a 500!”. Es común verlos afuera de casinos, según la vecindad.

Un policía del Parque San Antonio señala que “ellos guardan las pistolas en unos locales, por eso cuando los requisamos no tienen nada”.

La última encuesta Medellín Cómo Vamos arrojó una mejoría de la percepción de la seguridad en toda la ciudad. No obstante, según el sondeo informal realizado por este diario, en el Centro prima una noción negativa y en parte es por el temor que infunden los “convivires”.

Para Valeria, que desde los 13 años está ofreciendo sus carnes al mejor postor, “está muy malo el negocio, los hombres ya no vienen por aquí por tanta inseguridad”.

*Nombres cambiados.