HISTÓRICO
EL CUENTO DEL GATO
  • EL CUENTO DEL GATO
Por Hernán González Rodríguez | Publicado el 27 de mayo de 2013

La revista Dinero publicó un artículo sobre un seminario reciente convocado por el Fondo Monetario Internacional -FMI- y dirigido por el economista jefe, señor Oliver Blanchard, con la participación de algunos premios Nobel y expertos en economía, para analizar la crisis financiera actual y proponer soluciones.

La conclusión del artículo citado es que no existe todavía un consenso ni sobre las causas ni sobre las soluciones de dicha crisis. Este estado de incertidumbre lo ilustró el premio Nobel de Economía de la Universidad de California, George Akerlof, así: “Es como si un gato se hubiera subido a un árbol enorme.  El gato, por supuesto, es la crisis. Mi posición es, ¡Dios mío, ese gato se va a caer y no sé qué hacer!”. Otro participante añadió, “El gato ha estado en el árbol por cinco años. Es hora de obligarlo a bajar y asegurarnos de que no vuelva a subir”.  El premio Nobel, Joseph Stiglitz, remató, “No hay una buena teoría económica que explique por qué el gato todavía está en el árbol”.

Comprensible que entre tan encumbrados asistentes no haya habido consenso; pero en la reunión sí se mencionaron  tanto causas como soluciones comunes de la crisis. En las intervenciones primó la prudencia, no se mencionaron ni culpables, ni afectados, como sí paso a hacerlo a continuación. 

Para nadie es un secreto que la crisis en los Estados Unidos se desencadenó por culpa de las hipotecas malas, esto es, las concedidas a personas sin empleo, sin pagar ninguna cuota inicial, las cuales compraban tres o más casas así fiadas, las arrendaban y se dedicaban a vivir de la renta. Esto fue consecuencia de la idea estúpida de ciertos presidentes que resolvieron que todos los estadounidenses deberían ser propietarios y de los banqueros que empaquetaron hipotecas malas y buenas y las vendieron todas como buenas.

En la reunión aludida se planteó la necesidad de establecer una relación prudente entre capacidad de pago, cuota inicial y monto del préstamo para vivienda. Todo esto en medio del restablecimiento de una reglamentación financiera más estricta, porque las “economías no son necesariamente estables ni se autocorrigen”, comentó Stiglitz. 

También se censuró el abandono del equilibrio entre el gasto público, los impuestos y los endeudamientos de los estados, abandono culpable de la crisis del Estado de Bienestar en  la Unión Europea y de la lenta recuperación de los Estados Unidos, quien ha resultado incapaz de ajustar sus gastos a sus impuestos.

Antes de la crisis, los bancos centrales elevaban las tasas de interés cuando la inflación se atizaba y las reducían cuando la economía se debilitaba. Cuando rebajaron hasta el interés cuasi cero decidieron inyectarle dinero al sistema financiero para que estimule el consumo bajo el pomposo nombre de “flexibilización cuantitativa”.

Estas emisiones de dinero no han demostrado ser muy efectivas en Estados Unidos, afirmaron  algunos de los asistentes a la reunión, y, algo peor en mi opinión, desataron la “guerra mundial de las tasas de cambio manipuladas”, las cuales resultan ser fatales para los países en desarrollo, como Colombia, porque les destruyen las producciones agrícola e industrial y les disparan el desempleo.  Alguno hasta propuso por ahí como indispensable regresar al patrón oro para evitar las manipulaciones de las monedas.