HISTÓRICO
El fenómeno del niño
  • Ana Cristina Restrepo Jiménez | Ana Cristina Restrepo Jiménez
    Ana Cristina Restrepo Jiménez | Ana Cristina Restrepo Jiménez
Ana Cristina Restrepo Jiménez | Publicado el 16 de agosto de 2011

“El primer respiro de la mañana, sol, lluvia, flores, tierra y gente. ¡Nunca me he sentido mejor! Estoy tan agradecido de tener una nueva oportunidad para vivir”. 27 de julio: twit de Adrian Pracon, adolescente.

El clima pre-electoral suele exacerbar los ánimos, métodos y lenguaje de los políticos. Las sociedades latinoamericanas tendemos a darle prelación al factor emocional y, por eso, no es de extrañar que se utilice al niño como bandera publicitaria (la típica valla del candidato con un bebé en brazos).

La senadora Gilma Jiménez es un ejemplo fehaciente. Cuando un discurso (en pro del político mismo o de su colectividad) es insuficiente para acaparar los titulares de prensa o llegar al elector a través de una reflexión racional, apela a la emoción.  Y nada mejor para dicho propósito que la indefensión de la infancia.

Jiménez ha presentado tres iniciativas que castigarían a los niños (algunos), abusadores y padres irresponsables: 1). En 2008, recolectó dos millones y medio de firmas (incluida la mía) para proponer un Referendo de Prisión Perpetua para los violadores de menores. He reconsiderado mi posición, no sólo porque creo que nuestro sistema judicial no está preparado para asumir semejante reto, sino porque, si bien la violación de un menor es un acto aberrante (con el agravante de la reincidencia de los transgresores), difícilmente podría ser calificado como el “peor delito” en un país donde con frecuencia se descubren fosas comunes.

2). Incremento de la pena para los niños delincuentes (muchos de ellos, comodines de organizaciones criminales). Aquí sí se le enredó la pita a la senadora: ¿acaso los únicos chicos que merecen nuestra consideración son “los buenos”? ¿Los becamos para obtener un Summa Cum Laude con delincuentes de alto rango? Además de exaltar la temprana exclusión social del menor infractor, evidencia una subvaloración del papel de la educación, de los procesos constructivos.

3). Penas de hasta seis años de cárcel para los padres que no cumplen con la pensión de alimentación, abandonan o maltratan a sus hijos. (¡Ay del Inpec!). ¿No sería más conveniente buscar el mejoramiento de los sistemas de acción y control ejercidos por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y los jueces?, ¿qué tal invertir en la formación y sensibilización de la comunidad?

Adrian Pracon, miembro de las Juventudes Laboristas, fue herido por Anders Breivik en la masacre de Utoya. A la pregunta, formulada por La W radio, sobre la pena que debería recibir su agresor (en Noruega, la máxima es de 21 años), Pracon respondió: “Él ha fracasado: cubrimos su odio y violencia con amor y democracia […] su castigo será que nunca podrá salir a caminar de nuevo como un hombre libre”.

Emoción y razón pueden convivir sin instrumentos distractores.

El fenómeno del niño aumenta bajo este clima(x). Después de escuchar las propuestas “en caliente” de Jiménez y las reflexiones de Pracon, bien valdría repensar si aquello de ser llamado “ingenuo” es un insulto… o una fina exaltación del intelecto.

As bajo la manga: Acorde con las teorías de la “humanista” Liliana Rendón: ¿las mujeres que hemos “jodido mucho” merecemos que nos peguen más? Por su investidura de senadora, el discurso complaciente y violento (¡en estado de sobriedad!) de Rendón es tan peligroso como la desafortunada noche de un abusador. ¡Ni a mujeres, ni hombres, ni niños se les pega! FIN