HISTÓRICO
El Icfes y los "mejores" colegios
Jorge Barrientos Marín | Publicado el 24 de noviembre de 2008
El examen Icfes ha sido durante años el rasero para clasificar y calificar los colegios como buenos o malos. No es un examen exactamente hecho para medir calidad, sin embargo, como hemos insistido, el examen tiene la virtud de medir el logro académico de los estudiantes e incluso un indicador de cuán bien hacen el trabajo los colegios y la familia.

No obstante, apasionados que somos de las clasificaciones, de las listas de los mejores, de los hits o de los más vendidos, el examen Icfes se convirtió en una meta, en un objetivo clave, no necesariamente bueno, de los colegios (para allí va el Ecaes, el equivalente del Icfes aplicado a los aspirantes a profesionales).

Existe evidencia de que muchos colegios en el país inscriben a sus mejores estudiantes al examen Icfes, y quiero aclarar que no es el caso del Colegio Leonardo Da Vinci de Envigado, idea que quedó en el aire debido a una mala interpretación sobre una apreciación en mi columna Los "mejores" colegios según Dinero.

De esta situación tiene conocimiento el Icfes, pero no hay sanción de por medio puesto que no constituye una falta. Los colegios están obligados a reportar a todos sus estudiantes matriculados ante el Icfes pero no a inscribirlos para el examen, de esto se aprovechan muchas instituciones y envían a los mejores al examen para poder aparecer bien alto en la lista y con ellos justificar gastos o simplemente hacer publicidad.

En muchos casos los colegios preparan a los estudiantes para el Icfes, eso no está mal, pues lastimosamente la educación en el país entró ya en el jueguito (por el mismo camino va el Ecaes). Aquellos estudiantes cuyo colegio no los prepara, no debe preocuparse, tienen a la mano varias instituciones no formales que crearon un mercado de preparación para el examen Icfes.

Lo que sí me parece un poco lamentable es que los colegios empiecen a parecerse a los vendedores, ofreciendo buenos Icfes. Este examen debería ser una herramienta para evaluar competencias, lo que significa que no debería existir preparación alguna para enfrentar la prueba (salvo simulacros de cómo se presenta) y observar si tanto el colegio como los jóvenes hacen bien la tarea.

Preocupa mucho el hecho de que la evaluación al estudiante sea el caballo de batalla de los colegios para venderse y no, por ejemplo, la evaluación docente.

Insistimos que los profesores, en especial los de secundaria, deben evaluarse desde el punto de vista académico, e incluso las directivas de los colegios y las autoridades locales deben insistir en la evaluación docente como política educativa y quizá, en el largo plazo, el deseo de los educadores y de las facultades de Educación, de convertirse en eje crucial del proceso educativo y del logro de los estudiantes se haga realidad.