HISTÓRICO
El lenguaje de lo posible
  • Oscar Pérez, Colprensa, Bogotá. Francy Gordillo, es hija de padres sordos y acompañó durante toda su carrera de producción de televisión a Daniel, Vladimir, César y Julián.
    Oscar Pérez, Colprensa, Bogotá.
    Francy Gordillo, es hija de padres sordos y acompañó durante toda su carrera de producción de televisión a Daniel, Vladimir, César y Julián.
  • Oscar Pérez, Colprensa, BogotáDaniel Ocampo tiene 26 años y al igual que sus amigos Vladimir, César y Julián, el no poder escuchar no les impidió obtener un título universitario.
    Oscar Pérez, Colprensa, Bogotá
    Daniel Ocampo tiene 26 años y al igual que sus amigos Vladimir, César y Julián, el no poder escuchar no les impidió obtener un título universitario.

  • Cuatro jóvenes sordos se graduaron en producción de T.V.
  • El objetivo es integrar a esta población a la educación superior.
  • Universidades abren sus puertas a las personas con esta limitación.
Por
Sonia López Ortiz
Colprensa, Bogotá

La mamá de Daniel Ocampo recuerda con tristeza la respuesta del rector de una prestigiosa universidad, cuando fue a solicitar un cupo para matricular a su hijo y así, cumplir su deseo de verlo convertido en un profesional. "Señora, acá no recibimos retrasados mentales".

Las palabras le dolieron. Ese rector jamás entendió que Daniel no tenía problemas para aprender, al contrario, su hoja de vida estaba llena de méritos porque, como pocos, logró terminar su educación básica en un colegio donde todos escuchaban, menos él y sus otros tres amigos: Vladimir, César y Julián.

Incompatibilidad en los tipos de sangre de los papás de Daniel hicieron que naciera sin poder escuchar, problema del que se dieron cuenta al año de haber nacido. "No nos habíamos fijado porque su comportamiento era normal, balbuceaba y hacía los ruidos normales que cualquier bebé a esa edad. Saber que teníamos un hijo sordo nos cambió la vida", cuenta la mamá.

Daniel comenzó a estudiar con la continua asesoría del Instituto Nacional para Sordos (Insor), el problema era que debían hacer un grado en dos años, situación que para su familia no era conveniente, porque eran muchos años de retraso académico para alguien cuyo aprendizaje era normal.

Fue entonces cuando a principios de los años noventa nació una política de integración de niñas, niños y jóvenes sordos en colegios distritales y en aulas regulares. El proceso experimental tuvo positivos resultados pero no en todos los colegios, donde la discriminación fue uno de los obstáculos.

Por fortuna, este problema no fue el caso de estos cuatro jóvenes, quienes generaron expectativa y curiosidad por su primera lengua, la de señas. "En el colegio los compañeros oyentes aprendieron sobre la lengua de señas para podernos comunicar", cuenta Daniel a través de Francy Gordillo, su intérprete, hija de padres sordos y quien aprendió las señas como su primera lengua.

En el año 2000 se graduaron con honores. "Vladimir es muy inteligente, siempre era de los primeros y aunque suene irónico, es demasiado expresivo", recuerda Diana, una joven que a pesar de no haber compartido mucho tiempo con ellos, aprendió "algo" de una lengua que se convirtió "en la moda del colegio", reconoce.

Más de lo normal
Académicamente se presentaba otro reto: ingresar a la educación superior en una época donde las universidades no estaban preparadas para integrar a esta población. Tocaron muchas puertas, algunas se cerraron al primer intento, pero en otras los inconvenientes eran permanentes.

"Siempre se creía que las personas sordas sólo se podían desempeñar en oficios como manufacturas o ebanistería y que no había otras posibilidades. (...) En la Asociación de Sordos yo empecé a ver líderes y eso me motivó. Quería ser igual a todas las personas oyentes, con derecho a estudiar y a participar en diversos espacios", asegura Daniel.

Al principio decidieron estudiar ingeniería de sistemas, pero no les gustó. Su procesión continuó por otras cuatro universidades en donde tuvieron más problemas: tenían que pagar su propio intérprete, no los ayudaron a entender las preguntas de los exámenes de admisión y les impidieron cambiar las materias que estaban relacionadas con sonido.

Finalmente, con propuesta en mano, llegaron a Inpahu, donde cursaron realización y producción de televisión. Allí, mientras la comunidad estudiantil aprendía a integrarse con estos cuatro jóvenes, ellos desafiaban un reto y Francy (su intérprete) cursaba, sin querer, la misma carrera.

Inventar señas para definir conceptos técnicos del programa, hacer el doble de esfuerzo para aprender inglés, acostumbrar a los profesores y alumnos a la presencia de la intérprete, fueron algunas situaciones que debieron sortear durante los tres años de carrera.

Un noticiero hecho para poblaciones sordas fue su proyecto final. "Pero no queremos quedarnos ahí, queremos producir documentales, novelas y demás géneros para las comunidades sordas", cuenta Daniel.

¿Qué pasa en la U?
Los casos de jóvenes sordos que entran a las universidades son contados. Los padres de familia y los mismos jóvenes han ejercido presión para obtener este derecho.

El número de personas sordas que quieren cursar una carrera profesional es cada vez mayor. Esta experiencia la ha vivido la Universidad Pedagógica que, desde el año 2003, no sólo les abrió las puertas, sino que diseño un programa institucional para integrarlos a la comunidad universitaria.

En la actualidad 30 de estas personas cursan diferentes carreras como educación física, psicopedagogía, biología, idiomas, educación especial, entre otras. Para ello, cuentan con 14 intérpretes contratados por la institución

Esta iniciativa se ha convertido en modelo para otras instituciones, entre ellas la Universidad Nacional que en la actualidad, acopla su examen de admisión para las poblaciones con alguna limitación y cuenta con dos estudiantes sordos que cursan lingüística, según explica la viceministra de Educación Básica y Media, Juana Inés Díaz.

A futuro, se espera que los resultados de las investigaciones sobre la experiencia en la Universidad Pedagógica, sirvan para otras instituciones. "Incluso, que los avances que tengamos en nuestro trabajo con la lengua de señas pueda ser universalizada y adoptada de forma interinstitucional", señala Sandra Guido, docente del programa.

Las clases no se limitan a tener el intérprete en el aula. Según la docente Diana García, todas las materias y planes de estudio, son analizados y actualizados acuerdo a las necesidades de esta población, "pero eso no quiere decir que seamos flexibles con ellos, al contrario, se les exige mucho", aclara.

A futuro, para estas docentes, el impacto social será positivo. Tener profesores sordos preparados, ayudará a trabajar de una mejor manera con las poblaciones sordas y les abrirá aún más las puertas de la academia, sino de la sociedad.

El bilingüismo es el requisito exigido por la institución, y uno de los énfasis en la carrera que el estudiante escoja. La lengua de señas es su idioma natural, mientras que el castellano en este caso, para ellos es igual que aprender otro idioma como el inglés.

Pero aún así, muchos de estos jóvenes con limitaciones han sabido sortear obstáculos. Daniel, Vladimir, César y Julián, con su diploma de grado en la mano, son la prueba de que con constancia y empeño, se pueden alcanzar los sueños.



Abriendo espacios en las universidades
Según la viceministra de Educación Básica, Juana Inés Díaz, el Ministerio de Educación y el Dane realizan en conjunto un estudio para saber cuántas son las personas que presentan alguna discapacidad y para las cuales el sistema de educación debe estar preparado. Para la funcionaria, es necesario cambiar la cultura de discriminación hacia estas poblaciones, desde el núcleo familiar.

Daniel espera que su ejemplo de perseverancia se multiplique y que las instituciones de educación superior "abran sus oídos y ojos" para darles la oportunidad de formarse profesionalmente".