HISTÓRICO
El mejor Icfes llegó a estudiar a Medellín
  • El mejor Icfes llegó a estudiar a Medellín | Jaime Pérez | Sebastián Cadavid Muñoz se graduó en el colegio Sagrada Familia, de San Andrés. Cree que su triunfo también es obra de Dios a quien se lo agradece todos los domingos en misa del mediodía, después de asear, cocinar y descansar.
    El mejor Icfes llegó a estudiar a Medellín | Jaime Pérez | Sebastián Cadavid Muñoz se graduó en el colegio Sagrada Familia, de San Andrés. Cree que su triunfo también es obra de Dios a quien se lo agradece todos los domingos en misa del mediodía, después de asear, cocinar y descansar.
Alejandro Gómez Valencia | Publicado el 12 de febrero de 2011

El sueño se le convertía en frustración cuando llegaba al colegio a pedirle a la profesora que usaran el laboratorio y ella le respondía: "No, no se puede".

Sebastián Cadavid Muñoz lo solicitaba embelesado luego de mirar en programas de televisión lo que científicos de tierras continentales podían hacer con químicos y tubos de ensayo.

Él estaba en San Andrés Islas y entre las restricciones de vivir en ese caribeño lugar está la prohibición de tener los insumos que se necesitan para los laboratorios de prácticas.

Esa es la respuesta que recibía Sebastián que, sin embargo, no se desanimaba con el estudio. Los días de las vacaciones escolares se paseaba con Baldor. Por esa época en que para la mayoría el peso de ese libro de álgebra se multiplica, él jugaba a batir sus propias marcas resolviendo ejercicios.

Esa dedicación con las matemáticas, las lecturas extraclase de química y la lista que empezó a llenar con los libros de literatura marcaron una ruta de navegación hacia un logro que hizo llorar a su mamá dos veces de felicidad.

Doña Nubia Muñoz saltó de alegría cuando se enteró que su muchacho era el mejor Icfes de la isla y volvió a brincar de la dicha cuando días después llegó la noticia de que, además, había conseguido el mejor puntaje entre los estudiantes de colegios públicos del país.

La beca para estudiar en la universidad que le ofrecieron con el reconocimiento lo devolvió a la ilusión de los laboratorios. Eligió estudiar Ingeniería Química y entre los planteles que le ofrecieron se inclinó por la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín.

Su hermano Michael Johan está en octavo semestre de Ingeniería Aeronáutica en la misma institución y eso, además de la calidad que Sebastián dice que tiene la UPB, lo hicieron direccionar el timón de su formación hacia esta ciudad.

Claro que aquí él no es un extraño. Su mamá y su papá, Iván Darío, son dos paisas del municipio de Fredonia que se enamoraron en San Andrés. En algunas vacaciones viajaban a Antioquia, lo que le ha ayudado habituarse al nuevo hogar con facilidad.

Llegó el 14 de enero y tres días después recibió las primeras clases y conoció a los nuevos compañeros de estudio de los que ya tiene cuatro con los que hace todos los trabajos.


Los días en Medellín
Por ahora, nada de las fiestas de integración tan populares en el primer semestre y dice que no le llaman la atención porque además no es amigo del licor ni de la fiesta nocturna.

"No rumbeo, pero en San Andrés mi trabajo era poner a rumbear a los turistas", cuenta. Además de estudiar, trabajaba: tocaba en una orquesta de música bailable y en el ballet de un hotel.

Y es que ser de los mazos no significó nunca dejar de tener amigos, novia y conseguir dinero extra.

Los pesos que ganaba le ayudaban a costearse el estudio porque en su familia no es que abunde el dinero. Para pagar el primer semestre de su carrera, en la casa hicieron un préstamo mientras se resuelve lo de la beca que da Ecopetrol a los mejores Icfes del país.

A Sebastián le ofrecieron otra para pagar la matrícula, pero él no ha aceptado porque perdería la de la petrolera, que además incluye manutención, algo que necesita hoy que sus papás tienen que sostener no uno, sino dos hijos en Medellín.

Ahora se ahorra lo de los pasajes porque vive cerca de UPB. Llega allí temprano en la mañana y se queda hasta las 4:00 o 6:00 de la tarde estudiando con sus nuevos amigos.

Mantiene la misma dedicación y aprende a cocinar y de química al mismo tiempo. Cuenta que echa las papas al sartén con el libro en la mano.

En las primeras notas se ven los resultados porque en los pocos exámenes que le ha presentado las notas están por encima de 4,5 y ya sacó el primer 5.

Pronto se probará en los laboratorios y empezará a relacionarse con esos químicos que en la isla no podía tener porque una de las electivas que cursará es sobre elaboración de cervezas y vinos.