HISTÓRICO
El monstruo del secuestro
  • El monstruo del secuestro | ILUSTRACIÓN MORPHART
    El monstruo del secuestro | ILUSTRACIÓN MORPHART
Publicado el 21 de junio de 2013

En cifras, el fenómeno se mide con matemáticas frías: 39.058 secuestros en 40 años. Casi mil por año. Por eso compartimos completamente la frase de la exsecuestrada por las Farc Clara Rojas, directora de la Fundación País Libre: la que ha estado secuestrada ha sido Colombia.

Se trata de un delito condenable y atroz, aunque pueda sonar a frase de cajón. En especial por el daño profundo, como el que le haría una broca a un cráneo, porque taladra las siquis individuales y familiares de las víctimas. Hablamos del daño casi incurable que traen la humillación, el miedo, la impotencia, la espera, la soledad, la tortura, el encierro y la inmovilidad. Además del golpe económico a los patrimonios de los afectados, dinero que va a parar a las arcas de delincuentes organizados, guerrilleros y paramilitares.

Son los daños morales y sicológicos que van amarrados a esta estadística demoledora del informe Una verdad secuestrada: cuarenta años de estadísticas de secuestro 1970-2010. Es que incluso geográficamente se constata la frase que retomamos al principio. En el 90 por ciento de los municipios del país (en 1.006 de los 1.102) ha habido plagios.

Como estas investigaciones deben servir para alentar reflexiones y cambios, hay que aprovechar otro de esos datos punzantes descubiertos por el Centro de Memoria Histórica: las Farc son los mayores secuestradores del país. Siempre lo supimos, pero es bueno que estas pesquisas independientes y documentadas les reiteren que sí son victimarias y que, en el contexto del proceso de diálogo en La Habana, deberán sacar un tiempo y un espacio para pedirles perdón a sus miles de víctimas, sin ambages.

Nos duele la confirmación de que Antioquia ha sido el departamento más golpeado por este delito y que Medellín ha sido la segunda ciudad con más casos, después de Bogotá. Y aquí aparece como verdugo principal el Eln, autor del 38 por ciento de los secuestros en esta región. Las microrregiones con el mayor número de episodios fueron el Valle de Aburrá y el Oriente, donde se registraron, respectivamente, 2.461 y 1.510 casos.

Las autoridades deben tomar nota de que las "redes criminales", que incluyen a delincuencia común y bandas criminales, bacrim, participan cada vez con mayor fuerza de este mercado abominable de seres humanos privados de la libertad.

Hoy, en estas páginas, Clara Rojas llama la atención sobre la necesidad de que el Estado redoble esfuerzos para capturar a los responsables de estos 40 años de oscuridad y cautiverio. La gente, sin más, quiere saber la verdad sobre motivos y autores, porque se trata de un delito con una impunidad que desconsuela: 92%.

El informe, coincidimos con el exsecuestrado Óscar Tulio Lizcano, sensibiliza para que haya solidaridad con las víctimas, muchas de las cuales guardaron silencio y ahondaron el "subregistro" que caracteriza el secuestro. Es decir, sería posible agregar unos cientos más de casos no reportados que se quedaron en la impotencia y la mordaza impuestas a las víctimas y a sus familias.

El estudio constituye un instrumento sustancial de memoria y de constatación fáctica, con sus respectivos "mapeos", que obliga a replantear estrategias contra ese delito y sus autores, pero también confirma responsabilidades que se creían olvidadas, y que ahora cobran vigencia total a la hora de hablar de negociaciones y de paz. Tanto daño y sufrimiento se deben castigar.