HISTÓRICO
EL OCIO
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Por P. HERNANDO URIBE C., OCD | Publicado el 11 de abril de 2013

El ocio no existe, existe la gente ociosa, la gente que hace ocio. El ocio es la exclusión del trabajo junto con sus preocupaciones económicas, reprobable para quien ve la vida como rendimiento material, manifestado en el dramatismo de la crisis económica mundial.

El ocio puede ser, con todo, un quehacer humano de gran fecundidad. La sabiduría es para Séneca el resultado de quien sabe disfrutar el ocio, lo mismo que la contemplación, en que miro fijamente la realidad compenetrándome con ella.

Mi interior y el interior de Dios son frutos del ocio. No pensar nada, no desear nada, no ambicionar nada fuera de ver volar los pájaros en el cielo. "Pájaro todo cántico, / todo sapiencia, trino. / Pájaro que me dices: / todo el espacio es mío ".

Adriano, el emperador romano, gozaba contemplando el suntuoso misterio de los astros. "Una vez en mi vida, hice más: ofrecí a las constelaciones el sacrificio de toda una noche, durante una travesía del desierto sirio. Acostado de espaldas, con los ojos bien abiertos, abandonando por unas horas toda solicitud humana, me entregué del anochecer a la alborada a ese mundo de llama y de cristal. Fue el más bello de mis viajes" (M. Yourcenar).

Adriano, ese ser admirable, puede ser todo hombre. Necesita alimentar la sospecha de lo desconocido, de lo que no tiene nombre, y que lleva dormido en su interior anhelando manifestarse. "¿Qué número infinito / nos cuenta el corazón?".

En los ratos de ocio disfruto la musicalidad de las palabras que yacen en la memoria. "Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía. Hace que resplandezca una virtud que el mismo Señor pone en mí aun haciéndome fuerza para que la tenga". Miro, me miro, me toco, hago silencio. Magia verbal de un corazón de oro, el de Teresa de Jesús.

En el ocio aparece lo inefable. "Eres la primavera verdadera; / rosa de los caminos interiores, / brisa de los secretos corredores, / lumbre de la recóndita ladera ". Mientras repito, va apareciendo en mí el mundo prodigioso del misterio, mi razón de ser.

La semana tiene siete días. Uno para hacer ocio, no hacer nada, descansar. La oportunidad de encontrarme conmigo mismo en la intimidad del corazón, donde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y yo.

Ocio. ¡La sabiduría de vivir….