HISTÓRICO
El odio no es buen consejero
El odio no es buen consejero
Por
Junta Directiva
Unión Israelita de Beneficencia


El 25 de julio, León Valencia publicó en este diario una columna titulada Alguien, algún día, detendrá a Israel, en la que hace gala de una serie de suposiciones guiadas por la pasión y no por el raciocinio pertinente.

Valencia adjetiva sus apreciaciones con el viejo método antisemita de Los protocolos de los sabios de Sión y de Mi lucha y no tiene ningún empacho en mentir y profetizar la destrucción de Israel, el único país totalmente democrático del Medio Oriente. A un acto de legítima defensa de Estado lo cataloga como de arrogancia, carencia de escrúpulos y conducta criminal. Desde el punto de vista del columnista, defender la soberanía nacional de un país es algo que todos deberían rechazar. Situada así su posición, lo lógico es admitir el terrorismo y no defenderse contra él. O sea, ceder al terror y ser sólo testigos de un permanente hostigamiento.

A quien hace de profeta apocalíptico con relación a Israel y de agente propagandístico de los intereses de Irán, es bueno aclararle algunas cosas. Israel no está haciendo la guerra contra el Líbano ni contra la población civil libanesa sino contra un grupo terrorista (chií) que se ha incrustado en territorio libanés y que tiene armas más sofisticadas que las del ejército de ese país. Y no sólo eso, sino que se esconde entre la población civil para de esta manera llamar crimen a una acción que no enfrenta y que él mismo provocó. Hizboláh sigue la táctica de los grupos terroristas modernos: Ataca, retrocede y se esconde entre civiles, provoca desde allí y después despliega una gran andanada propagandística llamando invasor al que ellos atacaron primero, no sólo raptando soldados que estaban en la frontera sino bombardeando la ciudad de Haifa. Esto es delirante y se sale de toda lógica.

Si el avance del ejército de Israel fuera contra el pueblo libanés, las acciones militares serían otras. Avance en tenaza, corte total de suministros, imposibilidad de pasillos humanitarios, destrucción de edificios gubernamentales etc. Pero la lucha no es contra el pueblo libanés sino contra los enclaves del Hiszboláh en Líbano, contra sus escondites en Beirut y en algunos pueblos del sur. Señor Valencia, usted está equivocado, eso es lo que la propaganda de Hiszboláh quiere que todo el mundo piense. Israel no quiere involucrar a los libaneses, el conflicto se dirige única y exclusivamente a un grupo terrorista. Indudablemente es lamentable la muerte de civiles tanto en el Líbano como en Israel.

El Estado de Israel no prepara guerras. Para su información, el ejército Israelí siempre está preparado para cualquier acción. Esto porque sus vecinos lo han obligado a mantenerse a la defensiva desde 1948. En un estado de alerta permanente. Así que este argumento del complot, es más un rezago antisemita, del peor corte fantasioso, que una razón valedera.

Es de extrañar que ante la reacción del ejército israelí contra Hizboláh, no se hayan proclamado países como Egipto y Jordania. Estas dos naciones saben que Hizboláh es la presencia de Irán (la punta de lanza) en la zona. Y no sólo de Irán sino de la anarquía de unos grupos de poder que buscan nutrirse de fondos internacionales y que tienen claro que no construirán ningún país porque de hacerlo, los del partido de D-s (Hizboláh) tendrían que ajustarse al modelo democrático occidental y es claro que esto no les interesa. Como los vampiros, se nutren de sangre ajena y amenazan y matan a todos aquellos que se niegan a seguirlos. Su idea es el caos y la implantación de regímenes feudales.

Finalmente, todos los temores de una gran conflagración, no los debe ver el columnista desde el ejército de defensa de Israel sino desde los regímenes de Irán y Siria que desde hace ya muchos días vienen gritando la destrucción de Israel y de cualquier país que se les oponga. Y que quieren legitimar la idea de un dios guerrero, único y absoluto, en desmedro de las intenciones pacifistas del Corán. Hizboláh fue una creación del Ayatolá Jomeini, personaje que impuso una teocracia sobre los nacientes derechos civiles de los iraníes.

Así que, señor León Valencia, el odio no es un buen consejero. Los israelíes defienden la integridad de su país, así como lo haría cualquier nación en el mundo. Y así a usted le moleste y pida la destrucción de Israel, a la manera de los imanes fundamentalistas y a través de un Apocalipsis lleno de fantasías rabiosas, tendrá que reconocer que de los derechos de un país el más importante es el de la legítima defensa. Y en esta legítima defensa sucede lo mismo que en la medicina: si la enfermedad es persistente y grave y tiende a expandirse, el tratamiento debe ser fuerte. Lo invitamos entonces a que protestemos contra el terrorismo que se escuda con civiles, si queremos un futuro para nuestros hijos.