HISTÓRICO
El oro persigue a los Figueroa
Jaime Herrera Correa | Publicado el 01 de agosto de 2008
De Óscar Albeiro Figueroa Mosquera quedan en Zaragoza tres hermanos, nueve sobrinos, la madrastra y el registro civil de nacimiento 6038147 de la Notaría Única.

En el barrio Buenos Aires los vecinos más veteranos, de los cuales muchos ni sabían que es levantador de pesas, lo recuerdan como un morenito pelionero, que a sus 9 años de edad, andaba casi en "bola" por las calles jugando bolas de cristal y al que apodaban Mundo Malo.

Sus hermanos medios Luis Roberto, Francisca Fidela y Yusdalby Figueroa Bermúdez no lo ven desde el 21 de agosto de 2003, eso porque la muerte de su padre Jorge Isaac lo condujo de urgencia dos días al pueblo que lo vio nacer el 27 de abril de 1983, a las 6:00 a.m. en el Hospital San Rafael.

En la casa color ladrillo que lleva la placa 42-38, archivada en un rincón, las cosas permanecen casi igual a 1992 cuando Óscar dejó sus raíces porque su mamá Ernelinda Mosquera quería buscar otros rumbos para esquivar los sacrificios que representa vivir de la minería.

Su madrastra Edubina Bermúdez no tiene ni idea de qué son Juegos Olímpicos y no sabe cómo se prepara un levantador de pesas, pero gracias a su hijo Luis Roberto supo que Óscar estará en Pekín. Pese al nulo conocimiento deportivo, la señora mantiene frescos en su mente esos nueve años en los que casi tuvo que criar al colombiano con mayores posibilidades de alcanzar una presea en territorio chino.

Sin temor al qué dirán contó que "mientras la otra mujer de mi esposo trataba de ayudarle a rebuscar las pintas de oro, yo estaba pendiente del pela´o porque era jodido y peleador en las calles polvorientas de Zaragoza. Isaac compró esta casa en 1984 y como los chocoanos vemos muchas cosas de manera normal, acá convivían mis hijos con los de Ernelinda, entre ellos Óscar".

Luis Roberto, quien es cogestor de Acción Social, disculpa a su hermano menor por haberse desconectado hace cinco años de los seres que "llevan su sangre y compartieron la infancia con él".

También le valora que en el poco tiempo que tuvieron para hablar en el entierro "del viejo Jorge Isaac coincidimos en que la residencia no se venderá, pues es el patrimonio de la familia y el sitio en el que nos reunimos todos a recordar los días en que teníamos que ayudarle a papá a rebuscar unas pintas de oro para el sustento".

Ahora sus hermanos, madrastra, sobrinos y amigos viven algo diferente a la época en la que su mamá Ernelinda se lo llevó a Cartago, donde se formó levantador de pesas. A diferencia de los noventa ya hay gimnasio en el pueblo, la carretera está pavimentada hasta Caucasia y una de sus sobrinas, Nayib Hinestroza, la misma que a los 16 años hizo curso acelerado de "madefam" (madre de familia), lo recuerda como un "hombre que camina robotizado por sus músculos".

Francisca se lamenta de haber perdido el número de celular del hermano que "me hace sentir orgullosa, ya que ese muchacho tan inquieto se salió con las suyas al pasar de tirar piedras en Zaragoza a las selecciones de Colombia". Yusdalby, la otra hermana que vive en el barrio San Gregorio, coincide con Francisca al traer a la memoria "los años en los que se escapaba a jugar bolas y el orgullo que nos generó un día verlo de nuevo por la televisión alzando hierros".

Lo único que saben de China los Figueroa es que queda muy lejos; tampoco tienen idea cómo hará su hermano para entender el idioma mandarín. Sin embargo, Francisca Fidela y Yusdalby están dispuestas a "empeñarnos" para ayudarle a Luis Roberto a preparar un agasajo que "nos sirva para el reencuentro".

Así no gane medalla en Pekín, ellas creen que "el hecho de representar a Colombia es un motivo para recibir a Óscar Albeiro como un zaragozano ilustre y privilegiado por todas las bendiciones que ha recibido de nuestro patrono: el Santo Cristo, ese que lo bañará en oro".