HISTÓRICO
“El Papa encaró tiempos duros como promotor de fe”
  • "El Papa encaró tiempos duros como promotor de fe" | Monseñor Ruiz, arzobispo emérito de Villavicencio, compartió once años con el Papa. FOTO COLPRENSA
    "El Papa encaró tiempos duros como promotor de fe" | Monseñor Ruiz, arzobispo emérito de Villavicencio, compartió once años con el Papa. FOTO COLPRENSA
Por DANIEL ROJAS ARBOLEDA | Publicado el 24 de febrero de 2013

Mientras el mundo trata de explicar los motivos de la renuncia del papa Benedicto XVI, atendiendo a rumores de escándalos o problemas de salud, EL COLOMBIANO habló con el secretario del Consejo para la Nueva Evangelización del Vaticano, monseñor José Octavio Ruiz Arenas, quien reveló detalles de la vida del pontífice tras once años de trabajo juntos, tanto en la Congregación para la Doctrina de la Fe como de secretario, al inicio de su papado.

¿Cómo describe desde la cercanía a Benedicto XVI?
"Ante todo como un verdadero hombre de Dios, lleno de amor a la Iglesia, a la cual sirve con total entrega y generosidad. Es una persona muy cercana que irradia espiritualidad, da confianza a sus colaboradores y es un auténtico maestro, por la profundidad de su pensamiento. Hay que decir que le correspondió un período muy complejo y difícil en su labor como guardián y promotor de la fe, muchos lo veían como una persona fría, dispuesta a sancionar o descalificar a los teólogos, pero en realidad es un hombre de gran calidad humana, muy respetuoso de las personas y siempre dispuesto a buscar soluciones concertadas. Es un hombre algo tímido, muy sencillo, de gran austeridad y humilde en su proceder, no interpreta su autoridad en categorías de poder, sino de servicio desinteresado".

¿A qué dificultades se refiere?
"Ha intervenido en casos que van en contra de la doctrina católica. Siempre ha buscado el bien de la Iglesia y que los fieles no sufran desorientaciones en relación con las posiciones definidas por la Iglesia".

¿Qué tan pendiente estuvo el papa de América Latina?
"Su preocupación por A.L. no puede medirse por la presencia directa en las naciones, como lo hizo Juan Pablo II, quien fue elegido cuando tenía 58 años de edad y era un hombre ágil, deportista, lleno de vitalidad y de gran carisma en el trato a las gentes, pues estudió incluso teatro. Benedicto XVI fue elegido a la edad de 78 años y su estado de salud era un poco precario, aunque se esforzó por visitar muchas naciones en los distintos continentes. En A.L. sólo estuvo en Brasil, México y Cuba, pero siempre tuvo en su corazón la realidad de nuestros países. Además, él inauguró la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en 2007, cuyas conclusiones presentó a la Curia Romana, dándole una dimensión universal y poniéndola como ejemplo de acción pastoral para la nueva evangelización, que es el arte de vivir la verdadera felicidad desde el encuentro con Jesús".

¿Cuántos idiomas habla él y por qué ama tanto el latín?
"Benedicto XVI es un hombre de gran cultura, que ha leído muchísimo y que se educó magistralmente, sobre todo con el conocimiento y estudio de los padres de la Iglesia, por lo que conocía sus fuentes: el latín y el griego. Sabemos que su lengua original es el alemán, pero también conoce muy bien el italiano, el inglés y el francés. Entiende bastante bien el español, lo escucha y lo lee, e igualmente el portugués. Además, por la cercanía con Juan Pablo II, se preocupó por aprender algo de polaco. Su interés por el latín parte del estudio que realizó para su formación teológica y para su tesis sobre San Agustín pero, al mismo tiempo, respetuoso por la tradición de la Iglesia. Por eso ha querido que esta lengua, que ha servido como medio oficial de comunicación intereclesial a lo largo de veinte siglos, no caiga en el olvido y que, por lo tanto, en un mundo tan secularizado, se puedan mantener y restablecer las raíces tradicionales de la Iglesia".

¿Como cardenal cuáles fueron los aportes que hizo al Concilio Vaticano II?
"El cardenal Josef Richard Frings, arzobispo de Colonia y presidente de la Conferencia Episcopal alemana en la época en que se preparaba el Concilio Vaticano II, conoció al profesor Joseph Ratzinger, que en ese momento tenía 35 años de edad, en una conferencia que dictó el joven teólogo en la Academia Católica de Bensberg. A partir de allí, nació una fructífera amistad, en la que compartían muchas reflexiones sobre la Iglesia. No dudó el cardenal en escogerlo como su asesor teológico para su participación en el concilio".