HISTÓRICO
EL PROBLEMA DE LA SALUD
  • ALVARO URIBE VÉLEZ | ALVARO URIBE VÉLEZ
    ALVARO URIBE VÉLEZ | ALVARO URIBE VÉLEZ
Por ALVARO URIBE VÉLEZ * | Publicado el 08 de agosto de 2012

La salud necesita ajustes y además liderazgo y claridad para defender los fundamentos del sistema de la Ley 100.

Colombia, a diferencia de muchos países de su mismo nivel de ingreso, ha logrado llegar muy cerca de la cobertura universal. Por igual, ciudadanos con riqueza o pobreza tienen acceso a clínicas de primerísima calidad y hay solidaridad en las contribuciones de empleadores con trabajadores y de los mayores niveles de remuneración con los menores.

Antes había 3.5 millones de personas aseguradas y en gran parte del país prevalecían los servicios de caridad, con atención superficial a la mayoría, que carecía de capacidad de pago.

Nuestro Gobierno pasó de 25 millones de personas aseguradas a casi la totalidad de la población, con énfasis en los grupos más vulnerables, entre los cuales se incluyeron compatriotas indígenas y afrodescendientes. Se nivelaron los planes de servicios para niños, jóvenes, ancianos y en ciudades como Barranquilla para toda la población. Con reestructuraciones y austeridad burocrática se evitó el cierre de más de 200 hospitales y muchos, que estaban cerrados, fueron reabiertos.

Se cancelaron EPS infiltradas por grupos terroristas. La Nueva EPS, que asoció al Estado con cajas de compensación, remplazó la ineficiencia del Seguro Social.

Las clínicas de esta entidad fueron reformadas y puestas en manos de universidades, cajas de compensación y fundaciones, con resultados bastante positivos. La integración vertical se limitó al 30%. Se aumentaron los recursos para el sector con fuentes de rentas como el IVA a la cerveza, a los juegos y aumentos tarifarios para cigarrillos y licores. Y, apenas quedó iniciado el giro directo. La declaratoria de inexequibilidad de la emergencia social nos privó de instrumentos de control que debimos anticipar con proyectos de ley.

Hoy, la salud regresa al primer nivel de las preocupaciones públicas. Sugiero muy respetuosamente considerar estos ajustes: Debería evitarse el retiro de las cajas de compensación del régimen subsidiado. Qué difícil para Bogotá sin Cafam, y Medellín sin Comfama. Sería útil, por economías de escala, una alianza estratégica entre las cajas para tener más participación en estos servicios.

Se requeriría continuar el retiro de EPS para que permanezcan simplemente aquellas con garantías de solidez.

La decisión de inicio de nuestro Gobierno, probablemente equivocada, de decretar la libertad vigilada del precio de medicamentos, podría remplazarse por la imposición de topes que eviten precios superiores a los cobrados en países comparables.

Nuestro Gobierno apenas avanzaba en el control de precios de medicamentos como los recetados contra el sida.

Este Gobierno ha progresado en el giro directo y ojalá lo generalice. Y, la salud necesita más recursos, las cotizaciones y el porcentaje del Sistema General de Participaciones son insuficientes. El dinero no debe dilapidarse en entidades burocratizadas pero sí hay que pagar el valor de la atención, que requiere aportes adicionales de los presupuestos públicos. Por esto el Estado debe ser austero en lo burocrático para financiar las necesarias expansiones sociales.

Los ajustes a tiempo mejoran y salvan el sistema. La opción desesperada de eliminar el aseguramiento o trasladarlo a los prestadores del servicio eliminaría factores de control. La reforma Obama exige el aseguramiento de todos los ciudadanos y el compromiso del Estado de pagar por los más pobres. Universaliza el aseguramiento, no lo elimina. Mejoremos lo bueno sin destruirlo n

*Expresidente de la República.