HISTÓRICO
¿EL SENADOR URIBE?
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    ¿EL SENADOR URIBE? |
Por CARLOS ANDRÉS PÉREZ | Publicado el 01 de febrero de 2013

Hay revuelo de cuenta del anuncio que están haciendo los amigos del expresidente Álvaro Uribe en el sentido de que podría encabezar una lista para el Senado de la República en 2014. Como siempre ocurre alrededor del exmandatario, la noticia se dio a conocer por sus voceros y no fue ni confirmada ni desmentida por el protagonista.

La pregunta es si los anuncios de sus áulicos bastan para que el expresidente se someta a lo que le podría llegar si decide prestar su nombre a un proyecto personalista, del que todos los que hoy lo impulsan, se quieren pegar.

Para los que aspiran a integrar esa lista es el camino más corto que les permitirá convertirse en senadores de la República sin haber mostrado trabajo político, sin invertir recursos para su campaña, sin tener notoriedad suficiente para convertirla en votos, sin ni siquiera salir a la calle.

Al ser una lista cerrada, como pretenden, los áulicos se sentarán cómodamente a esperar que el arrastre de Uribe los elija. ¡Tan fácil…

Uribe tiene claro que una cosa es la exposición en la campaña, el recorrido por el país, el contacto con la gente de a pie, y otra muy distinta sería su estadía en un cargo que supondría varios cambios trascendentales en su vida.

Hoy el expresidente sólo está sujeto a la Comisión de Acusaciones de la Cámara, que al ser un ente compuesto por políticos, que viven de que los voten, ni de riesgos se atreverán a actuar sobre él. Pero una vez reciba su credencial de senador las cosas van a cambiar.

Como todos los congresistas, Uribe tendrá encima a la Corte Suprema de Justicia y al Consejo de Estado donde actúan magistrados que fueron elegidos por postulación del Consejo Superior de la Judicatura, órgano que a su vez es designado por los congresistas. Hoy en su mayoría antiuribistas.

Además del Procurador, que es elegido (también) por el Congreso.

Un expresidente gana mucho poder, pero en esa misma medida consigue enemigos (y los de Uribe son muchos y de variados orígenes, representados en el Congreso). Al tener tres nuevas entidades para responder, no es ingenuo pensar que sus contradictores tratarán de entrar al ataque por alguno de estos nuevos flancos que se abren.

Cuando Alejandro Ordóñez destituyó a Piedad Córdoba, juristas renombrados dijeron que no tenía méritos para hacerlo, pero su sola decisión bastó para sacarla del juego. Podría pasar exactamente lo mismo con el senador Uribe, y si la decisión proviene de la Corte o del Consejo de Estado, lo harían si temor a la opinión pública: son magistrados sin aspiraciones electorales.

Recordemos que otra corte tumbó la segunda reelección en contravía de lo que quería la mayoría de los colombianos.

El argumento para objetar esta columna es que él no actúa bajo cálculos políticos, ni es un hombre de temores. Es cierto, como también lo es que independiente de la valentía que alegue Uribe, sus enemigos acechan y tienen paciencia a que llegue el 2014.