HISTÓRICO
EL TEMA DE LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA
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    EL TEMA DE LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA |
Por ALEJO VARGAS VELÁSQUEZ | Publicado el 30 de marzo de 2013

Un proceso de conversaciones con una organización guerrillera que es un actor armado ilegal de naturaleza política, apunta, además de lograr que cese todos los hechos de violencia que afectan al Estado y la sociedad, que dicho actor ilegal se transforme en un actor político dentro de la legalidad y que con las garantías que el sistema electoral les brinda a todas las fuerzas políticas, pueda competir en igualdad de condiciones con los demás partidos y movimientos políticos y buscar por ese mecanismo que sus propuestas políticas tengan viabilidad, ya sean ganado elecciones o a través del juego de alianzas y acuerdos propios de la dinámica política.

Por ello el tema de la participación política tiene la mayor trascendencia, en una búsqueda de salida concertada a un conflicto armado interno con un actor guerrillero.

Ahora bien, normalmente este tema de participación tiene que ver por lo menos con dos dimensiones: de una parte con reformas al sistema de participación política electoral, lo que comúnmente se denomina ingeniería institucional; y de otra parte, las garantías para la competencia político-electoral.

En relación con lo primero, hay que destacar que nuestro sistema electoral -más allá de negociaciones con actores guerrilleros- requiere algunas reformas que apunten a la modernización del mismo; para sólo referir algunos de los más relevantes tenemos la necesaria reforma y actualización del Código Electoral que permita que la organización electoral realmente actúe como un poder autónomo y para ello habría que empezar por despartidizar la conformación del Consejo Nacional Electoral y establecer que sus miembros sean magistrados con similares características de los de las Altas Cortes, igualmente actualizar la legislación electoral.

Pero, igualmente, se debe pensar seriamente en establecer el voto electrónico que le dé mayor transparencia al ejercicio del sufragio electoral y adicionalmente permita una mayor agilidad en el conocimiento de los resultados electorales.

Por supuesto, hay especialistas en el tema del derecho electoral a los cuales hay que convocar para lograr una puesta al día adecuada de esta legislación y su operatividad.

En cuanto hace al tema de garantías, tiene por lo menos dos dimensiones, una las garantías físicas para que no vayan a ser asesinados los miembros de estas organizaciones alzadas en armas una vez se transformen en organizaciones políticas dentro de la legalidad.

Ya tuvimos los colombianos esa dramática experiencia en los años 80 y 90 del siglo pasado en que un partido político, que había tenido su origen en el proceso de conversaciones del gobierno del presidente Belisario Betancur con las Farc, la Unión Patriótica, el cual sufrió un genocidio político como ha sido calificado por las Cortes -nacionales e internacionales-, esto no puede volver a suceder y para ello se requiere, de un lado unos sistemas de protección del Estado adecuados, ágiles y modernos y una campaña hacia la sociedad de tal forma que los colombianos entiendan que la manera de parar esta dinámica perversa de muerte y retaliación no es predicar el odio sino la reconciliación.

La segunda dimensión de las garantías tiene que ver con la existencia de reglas del juego electoral equitativas para todos los partidos y movimientos políticos -no sólo los que se originen de la desmovilización de grupos guerrilleros-, lo que incluye equidad en la financiación electoral, acceso a los medios masivos de comunicación -públicos, pero también privados- y en general la posibilidad de hacer proselitismo político sin ser estigmatizados, ni marginalizados, ni perseguidos.

No hay duda que este tema de la participación política es de la mayor importancia, pero además es una oportunidad de modernizar nuestro sistema electoral para tener una democracia más transparente y por lo tanto más moderna.