HISTÓRICO
El trabajo doméstico aún tiene visos de desigualdad
Por JOSÉ F. LOAIZA BRAN | Publicado el 02 de octubre de 2013
Flor María Cuesta empezó a lavar y planchar, hacer de comer y limpiar en casas de familia en Medellín desde que cumplió 15 años. Cuando dice "casas de familia", no se refiere a la suya, de padre fallecido en el Alto Baudó, Chocó, de madre venida a la ciudad sobreviviendo del trabajo doméstico con siete hijos de dos matrimonios, que salía al amanecer y solo volvía a la casa ya entrada la noche.

Cuenta que cuando su mamá se iba a trabajar se sentaba en una piedra grande a ver pasar a otras niñas con sus uniformes de colegio y anhelaba estudiar, aunque no lo decía porque sabía que era muy pobre. Que arrancaba pedazos de cartón y le pedía a alguna vecina que le enseñara a leer y a escribir... cuenta lo feliz que fue cuando conoció la escuela, matriculada en primero de primaria a los 12 años.

Se fue a trabajar como empleada del servicio interna porque quería tener para comprar ropa bonita. Y cuando pidió permiso para matricularse en la escuela nocturna, la patrona le dijo que si quería estudiar no podía trabajar más. Dejó ese trabajo, pero tampoco fue nunca profesional.

Años después, cuando tuvo a sus hijos enfermos, otra patrona le preguntó: "Bueno, Flor María, ¿qué está primero, el trabajo o los hijos?".

La ley
La magistrada Ana María Zapata, de la sala laboral del Tribunal Superior de Antioquia, destaca que las empleadas domésticas, por ley, tienen derecho a recibir un salario que no será inferior al mínimo ($589.500). En caso de que se pacte parte del pago de una parte en especie, por concepto de alimentación y habitación en el caso de las empleadas internas, no podrá ser mayor al 30 por ciento ($176.850) y el resto ($412.650) en dinero.

Agrega que tienen derecho a que se les depositen sus cesantías por cada año de labores, a que se les pague su periodo de vacaciones, a tener un día de descanso a la semana y a que se les reconozca el pago de horas extra siempre que en sus labores se extiendan más allá de los horarios pactados o de diez horas en el caso de las que laboran internas.

La magistrada, en calidad de juez de la República, sostiene que es muy difícil hablar de lo que contempla la ley para las empleadas domésticas sin referirse a los casos que llegan a instancias judiciales, bien sea a través de la acción de tutela o de demanda laboral.

Destaca la jurisprudencia que han dejado fallos de la Corte Constitucional en favor de empleadas que con más de 20 años de servicio y llegada su vejez encuentran que les han sido desconocidos derechos laborales como el aporte periódico a cesantías y pensión.

La realidad
Entre 10 y 18 horas al día laboran el 91 por ciento de las empleadas domésticas internas en Medellín, según diagnóstico de la Escuela Nacional Sindical sobre las condiciones de trabajo de esta población en la ciudad. El 90,5 por ciento de ellas afirma que no les pagan horas extras y el 85,7 por ciento devengan menos del salario mínimo.

El 50 por ciento están afiliadas al régimen subsidiado (Sisbén) y el 11,9 por ciento son beneficiarias del régimen contributivo.

Estas cifras fueron parte del foro Reflexiones Domésticas: la Ley, la Literatura y la Realidad, realizado ayer en Eafit. Además de la magistrada Ana María Zapata participaron del evento el escritor Héctor Abad y mujeres líderes de la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico.

Historias semejantes a la de Flor María, de educación truncada y labores que en el hogar todavía se asemejan a la esclavitud, y de repetición del círculo de la pobreza a pesar del trabajo dedicado, compartieron María Roa, y Flora Inés Perea, quienes reivindican el oficio del quehacer en la casa al tiempo que lideran el movimiento sindical de las trabajadoras domésticas.