HISTÓRICO
Emerge el misterio del 447
  • Emerge el misterio del 447 | Archivo | El accidente ocurrió en el 2009 cuando el avión cubría la ruta Río de Janeiro-París.
    Emerge el misterio del 447 | Archivo | El accidente ocurrió en el 2009 cuando el avión cubría la ruta Río de Janeiro-París.
John Eric Gómez Marín | Publicado el 27 de mayo de 2011

Los últimos tres minutos del vuelo 447 de Air France fueron de espanto. El piloto que comandaba el avión estaba descansado fuera de la cabina, mientras que los dos copilotos hicieron hasta lo imposible por estabilizar la aeronave antes de que chocara y desapareciera en el mar.

Así lo evidencian los datos grabados en las cajas negras del vuelo que cruzaba el Atlántico cubriendo la ruta Río-París y que ayer fueron revelados por los investigadores del siniestro. La narración, es escalofriante y sobrecogedora, comienza primero con una advertencia de que entrarían en una zona de fuertes turbulencias antes de que sus voces se silenciaran y se ahogaran en el fondo del mar.

Eran las 2:00 a.m. del 1 de junio de 2.009, el comandante de la aeronave, exhausto, decidió delegar el control en sus dos copilotos para ir a descansar. Lo que no sabía es que ese sería su último reposo pues la muerte lo sorprendería a él y a todos lo ocupantes de aquel fatídico vuelo. Un descenso brutal de 3 minutos y 30 segundos, sería el fin para el vuelo 447 de Air France.

Y es que los copilotos experimentarían el terror de no poder controlar la aeronave. Uno de ellos, le dijo a la tripulación, como si se tratara de un vaticinio de lo que sucedería: "vamos a entrar en una zona que seguramente está un poco más movida que ésta, habrá que tener cuidado".

El piloto automático, que había sido activado al momento que el comandante encargó a los copilotos su labor, fue desconectado. El hielo cubrió las sondas que medían la velocidad del aparato, congelando también los corazones de los pasajeros, que por los bruscos movimientos del avión, sabían que algo no andaba bien.

Los copilotos, intentaron mantener la calma, pero el avión comenzó a dar datos erróneos sobre la velocidad de vuelo, situación que desconcertó a todos. El gran pájaro, de 230 toneladas, comenzó a descontrolarse y los pilotos acudieron a su instinto para intentar recuperar el control.

Sin embargo, los ingredientes que configuran una tragedia estaban servidos en la mesa: los instrumentos de vuelo no brindaban datos exactos, el comandante descansaba, la tormenta era intensa y los copilotos hacían lo humanamente posible por evitar lo inevitable.

El objetivo era levantar la nariz de la aeronave, y una leve esperanza devolvió la tranquilidad a la tripulación, el avión, de a poco, volvía a la normalidad. Pero, al parecer, el 447 estaba marcado por la tragedia. Minutos más tarde, el océano Atlántico se convertiría en su tumba y después de que los copilotos acudieran al comandante, para comunicarle por última vez que no tenía ninguna indicación válida en los instrumentos del avión, el impacto contra el mar con la parte delantera levemente hacia arriba y las alas niveladas, acabó, no solo con las vidas, si no con los sueños y con las familias de 228 personas, que en su calendario no tenían esa fecha marcada como su último día.

Para Air France y Airbus, inculpadas de homicidio involuntario tras el accidente, la publicación de estos elementos "permite descartar falsos alegatos" sobre posibles errores de la tripulación. La compañía aérea elogió a los pilotos que lucharon "hasta el final" por rescatar el vuelo.

Para pilotos expertos, la maniobra de levantar la nariz no fue la más acertada.

Francisco Ollas, experto en seguridad aérea, aseguró que en ese caso suele subirse el morro del avión y no la parte delantera. "Cuando hay pérdida de sustentación, es más importante recuperar la columna antes que la cabeza del avión. Así las alas recuperan su apoyo", explicó Ollas.

Ese día permanecerá como una de las jornadas más oscuras de la aviación y aunque la verdad sea revelada, solo el océano es testigo silencioso de lo que realmente sucedió.