HISTÓRICO
En la 8 y la 13 viven bajo el temor
  • En la 8 y la 13 viven bajo el temor | Este diario recorrió las comunas 8 y 13 y la presencia policial era reducida. FOTO ESTEBAN VANEGAS
    En la 8 y la 13 viven bajo el temor | Este diario recorrió las comunas 8 y 13 y la presencia policial era reducida. FOTO ESTEBAN VANEGAS
Por JAVIER ALEXANDER MACÍAS | Publicado el 06 de noviembre de 2012

El pavimento ardiente, en la canícula de las dos de la tarde, fue ayer escenario para que un pequeño de ocho años de edad se sentara a reparar su "bici", pese a que las balas tronaron en ese sector las tres últimas noches.

En esa calle empinada, por la que los vehículos descuelgan con su caja en primera para no irse de bruces sobre las viviendas apiñadas, el transporte público se movió a medias y la gente transitó normalmente. Es una vía larga, que termina en un barranco, donde carnicerías, tiendas de abarrotes, e incluso cantinas, abrieron sus puertas.

Esta es la vía por la que diariamente transita la mitad de Villatina, en la comuna 8 de Medellín, pero se ha convertido en una frontera invisible donde los combos son "los señores" e imponen las normas que deben cumplirse al pie de la letra, "porque de no ser así, tendríamos muchos problemas", cuenta María* , habitante del lugar.

Una de esas normas es la que debe cumplir a diario Jorge *, cuando al regresar por la noche a su vivienda, tras una larga jornada en su taxi, debe apagar las luces del vehículo y encender la luz interior para ser reconocido al pasar por uno de los puestos de control de los combos. "O como me toca a mí, que debo andar sin casco para ser reconocido", explica Carlos *.

Para ellos, parte de la tranquilidad se las daría la presencia de las autoridades, "pero, mire, por acá no se ve ni un policía". El Colombiano constató en ese sector y en otros de la comuna 13 un pie de fuerza reducido.

El blackberry está de moda
"Cuando sentimos que se van a dar bala, entonces nos mandamos mensajes por el blackberry diciendo que va a subir la marea", cuenta Eliana *. Ella afirma que la situación está tan delicada en la comuna 8 que si un joven quiere armarse para defender el barrio "busca a los del combo y les pide un arma que ellos entregan de una".

Pero lo más preocupante es que los estudiantes deben pasar fronteras invisibles que los ponen en riesgo. En uno de los colegios de la zona, todas las mañanas, la rectora recibe cartas de muchos de sus estudiantes explicando los diferentes motivos por los que abandonan la institución. "Dicen que el conflicto armado los obligó a dejarlo todo para no ser asesinados".

Así lo hizo Julia *, quien ayer con la carta en la mano fue a despedirse de sus profesores. Antes de entrar al colegio, por esa calle larga, se enjugó sus lagrimas y esquivó al pequeño de 8 años y pelo ensortijado que, a gran velocidad, descendió por la pendiente en su bicicleta reparada.

Las desdichas de la 13
Pero como dicen las abuelas, "si allá llueve, por acá no escampa", y en la comuna 13 (San Javier) la situación está muy delicada, al extremo que un niño de 8 años de edad hizo que el combo de La Arenera le pegara a su mamá "una muenda" porque ella decidió castigarlo.

A la situación se sumó que 65 integrantes de los colectivos culturales dejaron la zona por temor a los armados, y 200 estudiantes de una sola institución educativa dijeron adiós a las aulas entre enero y lo que va del 2012.

Una docente de un colegio asegura que en sus salones de clase hay por lo menos 10 niñas embarazadas, "y lo más triste es que seis papás de esos niños son personajes que hacen parte de los combos delincuenciales".

Esos muchachos, como muchos otros, son embelesados por integrantes de los combos "que les dan un par de tenis de marca, o 10.000 mil pesos, u otras cositas, para llevárselos a delinquir", dice una habitante del barrio 20 de Julio.

"El problema es que ellos quieren hacerse ver como los héroes. El 31 de octubre obligaron a las mamás a llevar a los niños disfrazados donde ellos estaban para darles regalos. Son el diablo haciendo hostias", relata una abuela.

Sin embargo, en las calles serpenteantes de la comuna 13 los días se viven como si nada. Los niños juegan fútbol, y algunos suben por las escaleras eléctricas una y otra vez. El comercio abre sus puertas y se ven los buses subir y perderse tras las pendientes de los barrios. Pero en las noches, antes del primer disparo, apagan las luces, y no precisamente para irse a dormir n *Nombres cambiados