HISTÓRICO
ESPÍRITU BURLÓN
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Por ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ | Publicado el 02 de julio de 2013

Ya pocos escándalos parecen conmover a la opinión pública con la fuerza suficiente para crear un propósito nacional de rectificación.

A los llamados escándalos de los carruseles en los altos órganos del Estado para obtener pensiones millonarias, le hacen coro las estafas en el liquidado Seguro Social.

La corrupción ayudó a desangrarlo. Las pensiones fraudulentas, las suplantaciones de personas, las falsificaciones de historias laborales, la tramitación inusitada de tutelas para que se siguieran pagando pensiones suspendidas, la pululación de aportantes fantasmas y toda la demás escenificación de la picardía y el delito, dinamitaron la entidad. Con el peligro de que todos estos ardides mañosos, terminen conduciendo prematuramente al colapso a su heredera, Colpensiones, si no se le hace a tiempo un torniquete que evite la hemorragia.

Otro hecho viene a enturbiar más el ambiente del ya rutinario escándalo nacional.

El Fiscal General de la Nación -en diaria polémica con el Procurador- denunció ante la Corte Suprema de Justicia al presidente de la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes. Lo sindica de cerrar precipitadamente la investigación que allí se adelantaba contra algunos magistrados de la Judicatura, señalados de adulterar actas para determinados nombramientos de funcionarios de esa dependencia.

Insiste el Fiscal en que este acto inhibitorio para cerrar apresuradamente el proceso en que incurrió el congresista, es una farsa. Ni más ni menos lo sindica de burlarse de la ley. Ratifica que hay falsedades de esos magistrados a quienes califica como "coautores del delito", indicios que "impiden archivar el caso".

Las denuncias que a diario se conocen sobre actos de corrupción no parecen importar. Ya poco sorprenden. Los protagonistas y afectados pasan de agache. Saben que en un país con tan altas proporciones de impunidad, la ley no los morderá. Se ven los actos impúdicos como cosa de rutina en el ejercicio de la actividad pública colombiana.

Son muchas las instituciones del Estado permeadas por los delitos contemplados en los códigos éticos y penales que al violentarse, afectan el patrimonio moral y las arcas del Estado, sin que nada suceda.

Alguna vez nos decía el irónico y agudo escritor Álvaro Salom Becerra -autor de libros que retratan la desinhibida idiosincrasia del ejercicio de poder en Colombia- que buena parte del país estaba amasado con la arcilla de la picardía. De aquella del que todo se puede mientras no se le descubra. Nosotros, inflamados de amor patrio, le refutábamos lo que creíamos que era una exageración injusta. Álvaro, desde el más allá, debe ahora mirarnos con cierta compasión por ingenuos. Y con esa sonrisa socarrona que lo caracterizaba para ponerles picante a las amarguras, debe vernos como aquel célebre espíritu burlón que "tras el telón se reía y se reía…".

PD: Pocas veces una ley como la reforma al sistema de salud había dejado tantos insatisfechos. Ninguno de los sectores que afecta se siente a gusto. Según parece, del Congreso nada positivo salió. En reciente encuesta de Gallup el 81 % de los colombianos considera que cada día la calidad y el cubrimiento de la salud empeora. ¿Otro parto de los montes?.