HISTÓRICO
ESTE PAÍS DE FACTOIDES, MENTIRAS E ILUSIONES
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Por JUAN JOSÉ GARCÍA POSADA | Publicado el 19 de mayo de 2013

Jueves y viernes hubo en el monasterio españolísimo de San Millán de la Cogolla, La Rioja, un seminario sobre Lenguaje y Periodismo, con el tema del idioma de la crisis y de cómo, en gran síntesis, gobernantes y gobernados disfrazan la realidad al apelar a los eufemismos y las metáforas y a la creación de hechos ficticios para distraer la atención general, sostener una popularidad artificiosa e ignorar la gravedad de los problemas y la fuerza de las evidencias.

Uno de los ponentes habló del factoide, palabra que no está en el Diccionario. La habría inventado Norman Mailer en su biografía de Marilyn Monroe: "Hecho que no existía antes de aparecer en una revista o diario". El factoide es una mentira con apariencia de veracidad, una noticia incierta y no confirmada.

El factoide actual, que envuelve a muchos comentaristas, es el de la reelección, como si ya fuera un hecho real y cumplido, cuando apenas es una de tantísimas expectativas. Otro factoide en estos meses es la paz. Muchísima gente piensa que está a la vuelta de la esquina, que ya va a firmarse con las Farc y ese mismo día, en forma automática, este será un jardín de las delicias, cuando apenas está configurándose la expectativa de un acuerdo probable (que ojalá sí se formalice) con un solo grupo antiinstitucional.

Caemos en la trampa del factoide, de lo que parece un hecho pero no es, por ficticio, imaginario, inventado, o falaz. (Factoide viene de facto, hecho, y oide, parecido). Los periodistas ayudamos a propagar factoides: Nos basamos en titulares, conjeturas, promesas, anuncios engañosos, ilusiones o distractores y falacias. Cuántas obras, inauguradas con la noticia de la primera piedra.

Mentir, mediante el enmascaramiento de las palabras, es un problema nuclear de nuestra sociedad. No decimos las cosas de modo claro, directo, con la verdad monda y lironda. Y a quien se atreva a andar por el camino de la verdad sin miedos, se le trata de contradictor condenable y enemigo, sea de la izquierda o de la derecha: "El que no esté conmigo, está contra mí". Es la incapacidad de discordar.

Por el mero mandato constitucional que proibía la tenencia de esclavos se dedujo que ya no había esclavitud en Colombia. Desde la Constitución sesquicentenaria de Rionegro, nuestras normas jurídicas tienden a ser concebidas y dictadas para ángeles, como dijo Víctor Hugo. Son factoidales.

A los colombianos está haciéndonos falta, con urgencia, un reaprendizaje colectivo del lenguaje, para obtener la competencia comunicativa de la cual carecemos. Nos entenderíamos. No serían tan agudos nuestros conflictos, ni tan patética la perplejidad en que permanecemos. No nos engañaríamos tanto y durante tanto tiempo, si dejáramos el hábito de factoidizar la realidad y decirnos mentiras.