HISTÓRICO
¿Existe América Latina?
Jorge Giraldo Ramírez | Publicado el 05 de abril de 2009
Hace tres años el sociólogo francés Alain Touraine dictó una conferencia provocadora en el marco de la Cátedra Eafit (28.10.05). Una de sus afirmaciones fuertes fue que América Latina no existía, resaltando así la diversidad y divergencia existente entre nuestros países. Para ser precisos dijo que el concepto de América Latina no ayuda a entender nada y que se trata de una definición elaborada en contraposición con otros poderes y sin bases propositivas. De todas maneras, hay ya un equívoco en nombrar "latina" a una parte de América que es básicamente de origen iberoamericano y en excluir de ella a los Estados Unidos que es el segundo país del mundo en lo que a población hispanoamericana se refiere.

Hay dos tipos de argumentos que esgrimen los que hablan de Latinoamérica. Un argumento quimérico como el que utilizó el pensador dominicano Pedro Henríquez Ureña basado en la idea de un nacionalismo extenso y en la envidia secreta de crear una especie de estados unidos mestizos. Otro argumento realista como el que ofreció Samuel Huntington basado en la convicción de que el catolicismo, el populismo y el caudillismo eran suficientes para definirnos como una civilización especial.

Ambos enfoques son insuficientes. Lo que habría que mirar es cuáles son los proyectos políticos existentes en el continente y sus posibilidades. En los últimos 20 años se han planteado dos iniciativas: el Acuerdo de Libre Comercio (Alca), como iniciativa de Estados Unidos, y la alianza bolivariana propuesta por Chávez; ambas nacieron muertas. Lo único serio que existe es el acuerdo norteamericano (Canadá, Estados Unidos y México) y falta por ver qué pasa con la reciente unión suramericana liderada por Brasil.

Considerando fríamente las cosas, los únicos países que pueden promover proyectos de envergadura en América son Estados Unidos y Brasil. México ni puede ni quiere, Argentina querría pero no puede. Estados Unidos no sabe si quiere y mientras pasa el tiempo cada vez puede menos. Queda Brasil que quiere promover un proyecto suramericano pero que, curiosamente, encuentra su mayor obstáculo de corto plazo en la política exterior del chavismo.

Entre los países grandes de América el más desorientado de todos es Colombia. Pasamos de mirarnos el ombligo por tradición a hacerlo obligados por nuestros propios problemas. Le apostamos a un matrimonio con Estados Unidos, pero ellos estaban interesados solo en un noviazgo por interés. Buscamos a los europeos que son la perspectiva menos interesante que hay en el mundo hoy y han construido una fortaleza impenetrable para nosotros. Le jugamos duro a Ecuador y Venezuela convertidos hoy en los gobiernos más hostiles y las fronteras más cerradas entre los vecinos. Mientras tanto para el gobierno la única referencia geopolítica es el Caguán y para el cuerpo diplomático las salas de recepción. Así no se puede.