HISTÓRICO
Fiscal, ahora a lo que toca
  • ILUSTRACIÓN MORPHART
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EL COLOMBIANO | Publicado el 17 de abril de 2013

El Consejo de Estado tenía que definir si el fiscal general, Eduardo Montealegre, había sido elegido para un período personal de cuatro años, o para uno institucional, que terminaría en agosto próximo. Y ya lo resolvió, el pasado martes, por amplia mayoría: Montealegre tendrá su período de cuatro años.

Desde el punto de vista jurídico, es cierto que había normas contradictorias: la Constitución Política y la Ley Estatutaria de la Administración de Justicia dicen, sin más condiciones, que el Fiscal General de la Nación será elegido por la Corte Suprema de Justicia, de terna presentada por el Presidente de la República, para un período de cuatro años.

Pero, por otro lado, una reforma constitucional de 2003 y el Régimen Orgánico de la Fiscalía (Ley N° 938 de 2004) dicen expresamente que el período del fiscal general es institucional, es decir, se cumple entre dos fechas definidas, independientemente de la persona que ocupe el cargo.

El Consejo de Estado consideró que prima la norma superior, que es la constitucional, y además la que hace referencia específica al cargo de fiscal. Es decir, se aplica el artículo 249 de la Carta Política, y no normas inferiores.

Tenemos, pues, que ya el actual fiscal no tiene incertidumbre sobre su período, y eso es positivo. Poco sentido tendría un desempeño corto en el tiempo, de no más de año y medio, sabiendo los retos que tiene esa gigantesca entidad, casi todos pendientes de cumplir.

Es la ocasión, entonces, para que el señor fiscal Montealegre vuelva a concentrarse en los objetivos que de verdad el país espera de él, y que son los que le fija la Constitución: perseguir el delito, reducir la impunidad, garantizar la aplicación de la ley a quien la viola, velar por la protección a las víctimas y el restablecimiento de sus derechos, fortalecer la política criminal del Estado; en fin, trabajar por la seguridad de los ciudadanos.

Retomar el rumbo, en definitiva. Porque tenemos la impresión de que el doctor Montealegre se está extraviando al asumir como propias causas cuya defensa y promoción corresponderían al Gobierno y sus funcionarios.

No más conocer la decisión del Consejo de Estado, que le asegura un período completo, el fiscal dijo que "es un fallo histórico y trascendental porque permite dar continuidad a políticas y estrategias fundamentales para la paz en Colombia".

Montealegre, por ende, asume ante sí que él es el garante de la paz. Y que ésta no se daría en Colombia, de no estar él en el cargo que ocupa. Pero, señor fiscal: mejor servicio a la paz se puede prestar cuando no se le está enviando a la guerrilla el mensaje permanente de que sus acciones criminales no tendrán consecuencias penales.

Mejor servicio a la paz, si no se les resta capacidad de maniobra a los delegados gubernamentales en La Habana, pues quienes han cometido delitos atroces toman buena nota cuando quien debería perseguirlos, acusarlos y procesarlos, dice todo el tiempo que la paz prima sobre cualquier otra consideración, inclusive sobre la justicia.

Millones de víctimas esperan justicia. No claman por venganza. Claman por una acción penal garantista, pero efectiva. La impunidad sigue siendo aberrante. Los delitos se quedan sin esclarecer. Los responsables, sin acusar.

Superada la incertidumbre del período, es hora de responderles a los ciudadanos y empezar a atacar la criminalidad.