HISTÓRICO
FRANCISCO
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Por ÓSCAR HERNÁNDEZ M. | Publicado el 22 de abril de 2013

Se ha dicho que Francisco, nuestro nuevo Papa, llegó con ideas nuevas. Y yo creo que llegó con las más antiguas ideas de la Iglesia Católica. ¿Acaso es nueva la humildad o el mundo estrena sencillez? Lo que ha ocurrido con Francisco es que se llega hasta el fondo de la fe y rescata o hace que brillen las virtudes iniciales, las dejadas por Cristo en la tierra, que en verdad no estaban mostradas como el Gran Maestro quería que fueran y perduraran a través de los tiempos. Francisco viaja en lo que viajan sus hermanos: buses, metros, camiones...

Cristo cabalgaba un borrico sin más adehala que una manta sobre el espinazo. Francisco llama al jardinero a Buenos Aires para saludarlo y Jesús llama a Lázaro desde la misma profundidad de la muerte. Se comunica con el muchacho que le entregaba el periódico por las mañanas y Jesús habla en el templo de hace dos mil años con los asistentes al rito de la época. Francisco habla, escucha a Gardel y se conmueve con la voz del hermano muerto. Humano, demasiado humano se ha dicho en alguna parte. Esto es Francisco, para mí, un pontífice absoluto.

PAUSA. ¿Las faltas de Francisco? Que lance la primera piedra el que esté sin pecado.

INVERTIR. Puede, quien quiera, decir de mis ideas que son absurdas, infantiles o peligrosas. Y hoy les sirvo un plato ideal para sus comunicaciones o sus réplicas. Tengo la impresión de que los valores actuales están invertidos, es decir, que cuando hablo del capital y el hombre, debe decirse o escribirse El hombre y el capital. Porque, haciendo un casi infantil juego de palabras, el verdadero Capital del mundo es el hombre. El hombre, es decir, el trabajo, fue antes que los bancos, los cheques, las fortunas, las monedas, los billetes. Es el origen de todo, pero ahora el origen está por debajo de todo lo que ha ayudado a crear, y eso, simplemente, es un abuso de la inteligencia sobre los menos capaces.

Porque menospreciar y mermar ayuda a los que menos capacitados están, es tanto como dejar con medio biberón al niño que todavía no puede ganarse su leche. No intento atacar a nadie ni crear sofismas. Solamente aspiro a que todos los que habitamos este mundo pensemos en cómo se debe actuar para no convertirnos en lo que llaman empresarios y patronos "negreros", explotadores con la conciencia tapada por una montaña de oro. Si no me creen, pregúntele a Francisco.