HISTÓRICO
Se escuchan las cuitas de Carlota
  • Se escuchan las cuitas de Carlota

Presentar una novela de una de las más destacadas escritoras y críticas colombianas, reconocida además internacionalmente, es una paradoja en una tierra que aún niega cualquier discusión sobre lo femenino, que se esconde del tema como de la peste y que sin embargo ofrece la víctima propicia del cuerpo de miles de mujeres al altar del deseo del otro, del capital del otro, del inseguro poder del otro. Presentarla, sin que la novela se haya publicado en Colombia y que en cambio aparezca bajo un sello editorial español, también dice mucho sobre los intereses de las editoriales comerciales.

Helena Araujo, (1934) bogotana de nacimiento y de la pura cepa, ha vivido por más de treinta años fuera de Colombia. Hoy reside en Lausana, Suiza, a donde llegó después de recomponer una vida para criar a sus hijas, escribir y trabajar en lo que verdaderamente era su pasión: la literatura.

Sus críticas literarias aparecieron en revistas y periódicos desde 1956 y sentaron un precedente, pues la búsqueda de Helena desde entonces, ha sido sobre la escritura de las mujeres, sobre esa cartografía que por más de un siglo se ha ido trazando al margen del boom literario de los sesenta y del boom de folletines de estos tiempos que corren; una cartografía que hay que descubrir para que se vuelva visible y audible.

Sus textos sobre la escritura de las mujeres fueron los primeros "escritos por una colombiana" y esto ya la sitúa en un lugar privilegiado dentro de la crítica literaria y de los estudios de género. Su obra, como dirá Ángela Inés Robledo en el estudio preliminar para la novela de Helena, Fiesta en Teusaquillo, publicada en 1981, "se distingue por su desacato a lo establecido".

Ha publicado además la colección de relatos La "M" de las Moscas, de 1970; los ensayos de crítica literaria Signos y mensajes de 1976; La Sherezada criolla: Ensayos sobre escritura femenina colombiana, de 1989 y Las cuitas de Carlota, de 2003.

Un cuestionamiento
Para Helena es imposible poetizar sin politizar en el sentido de que en el poetizar está implícito un decir que también pasa por una posición política, se funda en la rebeldía y el cuestionamiento y se reinventa a partir de allí.

En el caso de la escritura de las mujeres, nombrar lo oculto, el mundo en donde las mujeres habitan en silencio o silenciadas, tiene también la dimensión de la reinvención del lenguaje que, al romper las amarras de la gramática y de la sintaxis, al volverse búsqueda experimental, afirma que la lengua es una construcción cultural y como tal tiene cargas simbólicas de poder que se denuncian en la escritura, más allá de las meras anécdotas contadas.

Publicada March Editor de Barcelona, la novela se construye con base en las cartas que Carlota Rodríguez le escribe a su prima Elisa Ayala empleando en ello un tono íntimo y desenfadado, cercano a la oralidad. Las dos primas viven existencias diferentes: la vida de Elisa Ayala, libre y decidida para llevar a cabo sus propios proyectos, pareciera ser la vida deseada y posible de Carlota. Guiada por ese "alter ego" de las cartas, Carlota se liberará de un marido maltratador, de una familia y de una sociedad en donde ella no es tenida en cuenta para, en el exilio europeo, criar a sus hijos y dedicarse a la pintura.

Las cuitas de Carlota son las de miles de mujeres que desde mediados del siglo XX vienen construyéndose como individuos y no como ideales de una sociedad que pone en ellas todos sus miedos y represiones. Son las cuitas de creadoras que saben que para crear hay que disponer no sólo de dinero y de un cuarto propio, sino que hay que poseer-se, para así poder contarse.