HISTÓRICO
La saga, una historia de familia que rompe cánones
  • Análisis de una telenovela colombiana inspirada en la vida nacional.
En el contexto de las actuales telenovelas, concebidas especialmente para las audiencias latinoamericanas que residen en los Estados Unidos (Miami, fundamentalmente), es importante echar un vistazo a los dramatizados colombianos del momento. Uno en especial, La saga, negocio de familia, del canal Caracol, es, desde mi punto de vista, uno de los casos más interesantes dentro del menú que ofrece hoy la pantalla chica nacional.

La Saga reúne características propias de la clásica telenovela colombiana y de la actual, con sus bondades y perversiones, logrando una suerte de nuevo híbrido. Para empezar, tiene elementos de la telenovela de época, pero no es precisamente una telenovela de época.

Aunque ha mantenido los referentes históricos que le dan un contexto al devenir de la familia Manrique, es decir, el de las mafias y su evolución o infiltración en la sociedad colombiana, es una historia de ficción que no se cuida por mantener una fidelidad a pie juntillas con los hechos reales a lo largo de la historia del país.

Aunque cada época ha sido reflejada a través del vestuario y de las modas, visualmente la ciudad de Bogotá no ha sido muy explorada, si bien hubo un intento por retratarla en la primera generación, en la década del treinta, cuando la pareja protagonizada por Catherine Vélez y Robinson Díaz emigraba a la ciudad.

Después, la historia se ha concentrado más en la familia y en sus ambientes particulares, sin establecerse un paralelo entre lo que sucede afuera, en las calles de la época y en sus espacios interiores.

En la década del cuarenta, sólo un ejemplo, vimos como la música del cantante Alci Acosta se escuchaba en el burdel, cuando aún él no era un músico popular. Tal despreocupación por mantener una fidelidad con el espacio físico y temporal es muy propia de las producciones latinoamericanas actuales, donde importa poco que identifiquemos los lugares de origen.

De otro lado, La Saga no corresponde con los cánones establecidos por el culebrón clásico. Es decir, no existe una pareja protagónica que después de muchos avatares, desdichas y pruebas del destino termine reuniéndose en el altar con un insuperable beso (o al menos no hasta el momento).

De hecho, todos los actores son de reparto y el rol protagónico lo asumen los padre de cada generación (Robinson Díaz - Catherine Vélez; Frank Ramírez - María Elena Doering; Juan Carlos Vargas - Sandra Reyes, etc.). y en esa medida, La Saga se parece más a los seriados tipo La Casa de las dos palmas (RCN, 1990), o incluso a otros que se realizaron en el país a mediados de la década pasada, como OK TV, María, María o La mujer del presidente, si bien como relato audiovisual no corre los riesgos de estos últimos. Además de que se emite todos los días, como la clásica telenovela en Colombia.

Otro aspecto muy interesante en La Saga es la contribución en la búsqueda de un relato hipertextual, con permanente alusiones a la obra de William Shakespeare mediante citas que le dan un énfasis a la tragedia que acompasa la vida de los personajes de la telenovela, siendo unas más acertadas que otras.

La Saga se ubica, digámoslo así, a medio camino del seriado semanal, la telenovela de época, la clásica con acento colombiano y la estándar de hoy día que se ve en Miami. Y todo esto la hace interesante de ver.