HISTÓRICO
GUAYABO EN LA HABANA
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Por CARLOS LOPERA PÉREZ | Publicado el 20 de noviembre de 2012

En La Habana, la noche anterior al día de inicio de la segunda parte de las negociaciones con las Farc, los miembros del Gobierno recorrimos El Malecón, buscando El torreón de la chorrera, pues como buenos colombianos nos gusta chicanear subiendo a Facebook las fotos de los viajes.

Para los negociadores, este sitio es simbólico desde que los ingleses lo bombardearon y dominaron La Habana, logrando, a cambio, que los españoles les devolvieran la península de la Florida.

Al llegar al sitio no nos pudimos acercar, porque vimos a los negociadores de las Farc acomodándose las gafas oscuras para posar.

Compramos ron y nos fuimos. No queríamos que se armara un tropel con ellos, luego de robarnos las carátulas de Semana y el show en Noruega.

Nos fuimos para la habitación de Humberto de la Calle. Llenamos las copas para celebrar la rapidez del proceso, pues en "escasos" 18 meses logramos sacar el documento de los cinco puntos por negociar, nos desplazamos hasta Noruega para leer un discurso de media hora, y después, solamente nos tomamos tres meses para empacar las maletas que llevamos a La Habana.

No teníamos los afanes del Caguán, pero sabíamos que con tanta rapidez, la felicidad de este proceso de paz pronto terminaría. Mágicamente, los cinco puntos ya estaban resueltos.

Brindamos por dejar evacuado el punto del desarrollo agrario integral, cuando Santos dijo que no va a negociar con las Farc el modelo económico y político de país.

Por el punto de las garantías para el ejercicio de la política, nos mandamos uno doble. No teníamos nada por negociar, ya que desde Europa, el Presidente dijo que si las Farc "quieren hacer política", el Gobierno "les dará el espacio pero sin armas. Es así de sencillo".

Como quien dice: Santos cree más fácil montar a las Farc en las camionetas del Congreso que evitar que el derecho internacional los "encane" por sus crímenes de lesa humanidad.

Respecto del fin del conflicto, eso era fácil porque las Farc aportaron la fórmula mágica: mientras nunca entregarán las armas, se debe reducir presupuesto militar y diezmar el Ejército que -según los guerrilleros- son el origen del conflicto.

Descompletamos los viáticos y mandamos al General Mora Rangel por otra botella para celebrar que el tema del narcotráfico estaba resuelto: Las Farc aseguraron que no tienen nada que ver con eso.

A las víctimas, las Farc les dicen que es el Estado quien las produce, que ellos "no han hecho sufrir a nadie" y "que no tienen secuestrados".

Al otro día, camino a la instalación de las mesas, le preguntamos a De la Calle: "si no hay nada que negociar, ¿A qué vinimos a La Habana?".

De la Calle Lomban a, con la resaca, respondió refunfuñando: "vinimos a comprar los aguinaldos".