HISTÓRICO
Norma del parrillero, sacrificio benéfico
  • ILUSTRACIÓN NATALIA VARGAS
    ILUSTRACIÓN NATALIA VARGAS
EL COLOMBIANO | Publicado el 01 de febrero de 2014

La prohibición de los parrilleros hombres ha resultado polémica, en especial para muchos motociclistas del Valle de Aburrá -la mayoría- que tienen estos vehículos como medio fundamental de transporte personal o familiar. La Alcaldía de Medellín está convencida, con base en estadísticas, de que la medida redujo los homicidios y el hurto de motos y carros.

Es entendible la permanencia de este tipo de control, dado también el malestar por la serie de atracos a mano armada que se cometen en las calles por parte de individuos que usan motocicletas. Por eso mismo, es fundamental que, al extenderse la medida hasta el 31 de julio, los agentes de la Policía Metropolitana y de las secretarías de Movilidad hagan cumplir la norma, solo con las mínimas excepciones permitidas.

Ahí reside la principal queja y crítica a esta prohibición. Son numerosas las fotos que circulan en las redes sociales que constatan el desplazamiento, a la par, de conductores y parrilleros hombres. En especial en los barrios y zonas de la periferia de Medellín y su Área Metropolitana.

Este diario cree sin duda en las bondades de las motocicletas como medio de transporte de gran economía, y como posibilidad de entretenimiento y afición de otro gran número de ciudadanos. Mal haríamos nosotros, o cualquier otro medio informativo o grupo social, en estigmatizar un vehículo que goza de aceptación universal y que es parte de las conquistas de transporte de la humanidad.

Por eso la continuidad de la medida, y su prórroga mientras no se consoliden indicadores de seguridad fiables, definitivos y sostenibles. En particular por el uso perverso que los criminales les dan a esos vehículos, por su relativa rapidez y facilidad de manibora para escurrirse entre el denso tráfico automotor del Aburrá.

Para algunos, la prohibición de los parrilleros es una medida distractora frente a los problemas de fondo (estructurales) que ocasionan el auge de fenómenos de violencia y delincuencia en Medellín y su Área Metropolitana. Puede que no sea la solución más vertical y profunda a la inseguridad, pero, por ahora y mientras sea necesario, sí contribuye a menguar la acción de ladrones y sicarios. Así lo ratifican, además, los mandos de la policía local.

Igual entendemos el malestar y el perjuicio para cientos de miles de familias que mediante las motocicletas logran un ahorro significativo de sus ingresos en materia de transporte. Pero a ellas las invitamos a pensar que en el futuro la prohibición del parrillero debe ser desactivada y que a veces se requieren ciertas “solidaridades y sacrificios” de mutuo beneficio ciudadano.

Por lo pronto, recordamos las palabras del alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, al ratificar la prohibición y exigir que se cumpla: “Es una burla (transitar con parrillero) a la decisión que nosotros hemos tomado y a los ciudadanos que respetan la medida, por eso le hemos solicitado contundentemente a la Policía que avance en las decisiones que tenga que tomar para que la medida se haga respetar”.

Desde esta tribuna, invitamos a los motociclistas a guardar la disciplina requerida y a colaborar con las autoridades. Dura es la ley (esta ley), pero es la ley. Que el tiempo y los resultados permitan verificar los alcances positivos (o negativos, si los hubiere) de la medida. El deseo, el interés, es que se siga impidiendo, por ahora, que las motos sirvan a los propósitos de los criminales.

Contraposición

LA INOPERANCIA DE LAS AUTORIDADES NO PUEDE RESTRINGIR NUESTROS DERECHOS

Por ROLANDO A. PLAZAS ELEJALDE
Movimiento No Más Restricciones a los Motociclistas

Tenemos razones económicas (evidentes) y constitucionales para estar en contra de la medida. En principio, se dijo que era de un año, pero ya va más y eso vulnera principios constitucionales, sin duda.

No obstante, les decimos a los motociclistas que mientras esté vigente la restricción, la cumplan. No queremos ser un foco de desorden y mal ejemplo, y que ese mismo incumplimiento de la norma justifique que se nos siga estigmatizando.

Ya habrá oportunidad para buscar que se tumbe una medida que viola derechos. Es que hoy somos nosotros, pero mañana puede ser cualquier otro gremio: el de los ciclistas, el de los taxistas, el de los vehículos particulares...

El hecho de que a las autoridades las desborden los criminales y de que sean incapaces de garantizar seguridad, no puede convertirse en una excusa para afectarnos a nosotros y señalarnos, porque además los motociclistas honestos cumplimos la medida, pero los delincuentes se pasean con parrillero hombre como si nada.

En los debates del Concejo se descubre que no hay tal eficacia de la medida contra los delitos. De hecho, Medellín hoy sufre una gran inseguridad. En un mes, haremos una marcha organizada y respetuosa, para protestar de nuevo: “Un millón de motociclistas contra las restricciones”.