HISTÓRICO
HOMOFILIA
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Por RUDOLF HOMMES | Publicado el 20 de abril de 2013

Una forma de entender la trascendencia de la decisión que tome el Congreso sobre el matrimonio homosexual es preguntar quién se beneficia y quién se perjudica si se extiende a los homosexuales la libertad de escoger pareja para convivir con los derechos y responsabilidades que les asigna la ley a los heterosexuales.

Cuando se hace esa pregunta, inmediatamente surgen inquietudes sobre desigualdad entre los homosexuales y el resto de la población y la injusticia de esta situación.

La sociedad ha caracterizado a los homosexuales como transgresores morales que por ese motivo no califican para que los cobije el manto protector de los derechos humanos.

Han sido objeto de odio, de escarnio, de discriminación y víctimas de violencia o abuso físico y mental que se ha justificado con argumentos moralistas. Esto, claramente contraviene el principio de igualdad y atenta contra la vida y dignidad de seres humanos.

Aún desde una perspectiva de catolicismo ortodoxo esto no es admisible porque contradice la noción básica de que en toda vida humana y en la dignidad de cada ser humano existe un elemento sagrado. Esta discriminación podría entenderse bien si nos imagináramos que el Procurador Ordóñez despertara una mañana después de haber sufrido una metamorfosis convertido en homosexual.

En Bucaramanga saldría a la calle con temor y evitaría entrar al Club del Comercio. En su oficina tendría que proceder a cambiar a varios colaboradores porque cuestionarían su integridad basándose en sus preferencias sexuales.

Su hija recién casada y la Dra. Ilva Myriam Hoyos le preguntarían cómo es posible que fuera así, después de haber crecido en un hogar tan católico.

Su pareja le estaría reclamando qué ha hecho para asegurar que cuando él muera pueda quedarse con la casa y le reconozcan el derecho a la pensión. Acudiría desesperado a sus amigos del clero pero ellos, que han sido complacientes y tolerantes con otros sacerdotes que han abusado de jóvenes en su congregación, son implacables con los homosexuales que no pertenecen al sacerdocio.

Los generales amigos solamente lo visitarían en patota. Muy pronto estaría exigiéndole al Congreso que no dejara vencer el plazo que le ha dado la Corte Constitucional para enmendar con una ley la evidente injusticia que comete la sociedad colombiana con los homosexuales.

Esta ley beneficiaría ampliamente a una minoría que representa por lo menos el 10 por ciento de la población, y el costo de aprobarla no es fácilmente identificable sin acudir a prejuicios atávicos (Luis Noé Ochoa en El Tiempo del sábado pasado). Se daría un gran paso a favor de la igualdad de derechos en la sociedad y de la justicia social. Estos son los elementos básicos que intervienen cuando se juzgan los pros y contras de una política pública y las razones de fondo para apoyar la expedición de esta ley.