HISTÓRICO
HUELE A AZUFRE
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Por RAFAEL NIETO LOAIZA | Publicado el 09 de marzo de 2013

Huele a azufre. Se fue el chafarote, el teniente coronel que posaba de comandante.

Chávez fue nefasto para Colombia. Con el Teniente Coronel el comercio se desplomó. De 7.000 millones de dólares en exportaciones al vecino país, en el 2012 apenas se llegó a algo más de 1.500.

El histrión en una rabieta cerró la frontera e impuso toda clase de trabas a los productos colombianos. Perdimos un mercado natural, el más obvio entre los posibles.

A nuestros empresarios les congelaron el pago de lo exportado y a algunos nunca se les pagó. Varias compañías colombianas fueron expropiadas en Venezuela, sin indemnización. ¿Cuántos empleos colombianos se perdieron por Chávez? ¿Cuántos empresarios quebraron?

Pero si en economía fue malo, en seguridad fue peor.

Chávez le dio discurso ideológico a la guerrilla, la animó en su lucha, le dio refugio y apoyo logístico, en algún momento pretendió darle carácter de fuerza beligerante.

Sin Chávez hace rato hubiéramos conseguido la paz en Colombia. Protegidos en Venezuela en la zona de frontera y en Fuerte Tiuna, el más importante cuartel militar venezolano, los máximos jefes guerrilleros se hicieron intocables. Aún lo son hoy, aunque ahora Márquez esté en Cuba.

Desde Venezuela mandan, planean, comunican sin riesgo alguno. Con Chávez, Venezuela fue el safe land soñado de cualquier insurgente.

Semejante ventaja estratégica neutralizó los efectos de la ofensiva militar colombiana. Y nos ha significado muchos muertos y heridos. Y mucho dinero para mantener el esfuerzo militar, dinero que debería haberse invertido en la lucha contra la pobreza, en superar la desigualdad, en construir la infraestructura indispensable para alcanzar la modernidad.

Para rematar, la consolidación de los carteles de "los soles" (entre los militares) y de "los comisarios" (entre la policía) y el relajamiento total de los controles en la lucha contra el narcotráfico, convirtió a Venezuela en el lugar de tránsito perfecto. Los vuelos ilegales que salían de Colombia salen hoy, casi todos, desde territorio vecino.

La tarea colombiana en la lucha contra el narcotráfico se resiente por las ventajas que los narcotraficantes encuentran en el país patriota. ¿Cuántas vidas nos costó Chávez? ¿Cuántas familias colombianas han llorado sus muertos, sus mutilados, sus heridos, por cuenta de su apoyo a la guerrilla?

El legado político de Chávez también huele a podrido.

El Teniente Coronel fue golpista, desmanteló el régimen democrático, acabó con la separación de poderes y el sistema de frenos y contrapesos, persiguió a sus opositores y a la prensa, puso al servicio de sus campañas el aparato burocrático y los fondos públicos. Como bien dice El País de España, Venezuela es hoy "un régimen autocrático travestido de democracia".

Detrás de él, sus emuladores hacen lo mismo, borrando de un tajo los avances democráticos que se consiguieron en América Latina en los noventa.

Apoyó dictaduras a granel, desde Cuba hasta Corea del Norte, sin importar la crueldad del tirano. Terminó con lo poco que quedaba de la OEA y creó organismos que no buscan sino defender los gobiernos que los constituyen. Intervino descaradamente en los asuntos internos de otros países, empezando por el nuestro, financió candidatos y presidentes, metió la mano de manera descarada para apuntalar a Ortega, a Cristina, a Evo, a Zelaya.

Incitó al odio de clases, polarizó la sociedad y la dejó dividida, insultó a unos y a otros, arremetió contra la Iglesia, encarceló inocentes y opositores, gobernó para pocos y no para todos, popularizó la vulgaridad y la grosería, la corrupción, se hizo rico y enriqueció a la "boliburguesía", acabó con lo poco que había de industria nacional, desmanteló PDVSA y la volvió caja menor del gobierno, dilapidó 800.000 millones de dólares de ingresos extraordinarios petroleros, sumió en el caos la economía.

Ahora lo embalsaman, como a Lenín, a Stalin, a Mao, a Hoxa, a Kim il Sung. Que Dios haya sido misericordioso, porque si de merecimientos se trata, debería arder en el infierno, entre los de su condición.