HISTÓRICO
INTERÉS GENERAL
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Por FRANCISCO SANTOS | Publicado el 10 de marzo de 2012

Parto de un presupuesto: una democracia plena es la que protege a las minorías y a los más débiles miembros de una sociedad.

Alexis de Tocqueville , en La Democracia en América (1835), veía como una de las grandes amenazas a este sistema político, lo que denominó "la tiranía de las mayorías".

Es más, el derecho moderno y las cortes constitucionales, de gran activismo en las últimas décadas, enfatizan el derecho del individuo y de las minorías, y la garantía del Estado a estas, incluso, por encima de los deberes ciudadanos o de los derechos de las mayorías.

¿A qué viene esto? Pues a que el equilibrio entre el interés general y el individual parece estar hoy en nuestro país en una lucha que puede desembocar en errores inmensos, de grandes consecuencias para el país.

Tres ejemplos: las represas Porce IV y el Quimbo, las protestas de Transmilenio en Bogotá y las obras de infraestructura vial.

En cada uno de estos casos, el interés general queda a merced del particular.

Las dos represas tienen problemas. Porce IV se frenó. En unos casos por un supuesto detrimento ambiental que cualquier juez interpreta a su arbitrio y, en otros, por invasiones organizadas de avivatos que pretenden que el Estado les restablezca un derecho que no tienen, y que un juez igual decide sin mayores elementos de juicio que sí.

En Transmilenio, una justa protesta usurpa calles y modo de transporte de cientos de miles de ciudadanos y los protestantes se quejan cuando la Policía trata de restablecer el orden.

Es más, escuché a un joven decir que si la negociación no es en la calle (por encima del derecho del resto de ciudadanos) no levantan la protesta.

Y las obras viales en las ciudades y campos del país llenos de muelas por cuenta de avivatos que, muchas veces sin pagar ni siquiera impuestos, quieren el oro y el moro por su pedazo de tierra.

En Colombia, la mezcla de abusos por parte del Estado (por acción u omisión), la ausencia de autoridad y reglas claras de juego y, además, de un árbitro que de manera pronta y lógica resuelva esos diferendos nos está llevando a que la vía de hecho sea la alternativa.

Unos pocos se toman la representatividad de todos, bloquean o irrumpen y quedan de voceros muchas veces con complicidad de los medios, que les otorgan legitimidad.

En Francia, si se va a expropiar le pagan al ciudadano el monto por el que paga impuestos. Acá eso sería visto como un abuso o un atropello.

Acá se toman predios, universidades, calles y destruyen inmuebles y no hay sanción judicial o social. No se trata de que no protesten, pero no usurpando el derecho del otro ciudadano. La protesta debe llegar hasta donde comienza el derecho del otro.

Una Colombia con apagones, una Colombia con inmensa riqueza enterrada (o en manos de ilegales) mientras abunda la pobreza, una Colombia sin las vías que el desarrollo necesita, una Colombia sin el modelo más innovador de transporte urbano, hoy ejemplo en el mundo a pesar de los problemas, es lo que vamos a tener si no recuperamos el principio de autoridad, que de nuevo se está perdiendo.