HISTÓRICO
IR A CONTRA CORRIENTE
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Por P. MARIO FRANCO S. | Publicado el 07 de septiembre de 2013

No ha sido extraña la doble alternativa a toda persona y a grupos o colectividades humanas. De hecho, es la posibilidad del discurrir humano y del discernimiento Espiritual. De la transparencia y de lo ambiguo: claridad o engaño. Ha sido, digamos, la posibilidad de crecer o morir; la posibilidad de identidad o de doblez: de corazón, de vida, de relaciones. Suelen ser dos caminos, para el bien o para el mal. Cuando no se tiene identidad ni seguridad, entonces el deseo y la ansiedad humana nos conducen a quererlo todo y llevar, al tiempo, los dos caminos. Resultado: nos volvemos ambiguos, de doble moral. Ni fríos ni calientes; nos volvemos "adorables monstruos", convencidos que hemos alcanzado la mejor parte.

Así apareció entre nosotros la cultura de lo "fácil", "light", "dietético", "relativo" y "ambiguo". La cultura global del error y mentira. La cultura del dominio total de desidentidades. La atrayente cultura de la apariencia y autoengaño, en que "pretendiendo ser como Dios", jugar el papel de Dios… quisimos manejar, como nuestro poder, la ciencia combinada del bien y del mal, a nuestro antojo y recurrencia. Esto sigue teniendo mucha fortaleza entre nosotros hoy, pues, es la base del sistema económico en que nos movemos. Sistema del engaño, de lo fácil, de la trampa, del narcotráfico, del no esfuerzo, del placer y del "solo consumo". La cultura en parte importada del "take it easy". Pero no todo es esta terrible "abulia" y "desesperanza". Hoy, la verdad luchada, la vida comprometida y entregada sin nada a cambio, el camino duro y difícil, pero real, que permite crecer y generar hombres y mujeres que no se separan ni excluyen, aunque se distinguen, va volviendo a ser la alternativa. Esto exige, por supuesto, saber renunciar y no querer tenerlo todo, fácil y rápido. Exige personas de coraje, auténticos "guerreros" en favor de la vida y de los otros. Exige seguir "en serio" a Jesús, con todas sus condiciones, y no simplemente resignarse a ser admiradores fanáticos, ruidosos, del camino de Jesús, del camino de la vida, del camino de la Cruz.

En esto seguimos la verdadera "sabiduría", que no es resultado del solo conocimiento humano, sino y sobre todo de la fuerza del Espíritu. Qué bueno poder abrir los ojos y saludar a los auténticos seres humanos, aquellos que "saben renunciar", para alcanzar y ofrecer vida a los demás; los que van a contra corriente, -como invitó el Papa a los jóvenes- porque son verdaderos discípulos del Señor; porque están cada día entregando lo mejor de ellos mismos: su padre, madre o hermanos, sus mejores bienes y abrazan con cariño la Cruz: La vida de todos los demás, particularmente los más pobres y necesitados, los suprimidos y excluidos, los derribados, desechados y abandonados, los que en realidad son más.