HISTÓRICO
Juegos de guerra
  • ILUSTRACIÓN MORPHART
    ILUSTRACIÓN MORPHART
Publicado el 30 de marzo de 2013

Hasta ahora son amenazas, cruce de advertencias y llamados a la prudencia. De un lado, Corea del Norte; del otro, Corea del Sur y más lejos, Estados Unidos.

El primero, Corea del Norte, en posición de guerra. Con misiles apuntando hacia su vecino y rival del sur, pero con ambiciones de llegar, de ser necesario, hasta territorio estadounidense.

La tensión va in crescendo, pero es prematuro y riesgoso plantear a estas alturas una guerra militar entre las dos Coreas, pese al escalamiento de las amenazas de desatar un enfrentamiento bélico, sobre todo, si de por medio está Estados Unidos, aliado y protector de Surcorea.

Lo que sí es cierto es que el recién nombrado líder de Norcorea, Kim Jong-un, viene mostrando los dientes de la forma menos indicada para forzar un cambio de posición de Washington y de la ONU, decididas a imponer nuevas y más duras sanciones económicas y diplomáticas contra el régimen de Pyongyang.

Las maniobras militares conjuntas que desde el año pasado adelantan Seúl y Washington en la zona limítrofe que se disputa con Norcorea han sido la excusa utilizada por Kim Jong-un para demostrar que tiene el poder suficiente y la decisión de acudir a las armas para defender su estabilidad y su territorio, tal como lo prometió al heredar el trono.

La inexperiencia del joven dictador es quizás más peligrosa que su armamento de guerra, pues nadie da por hecho que Norcorea tenga el poder militar suficiente para sostener una guerra con Corea del Sur y Estados Unidos.

Eso no implica que no se puedan presentar hechos de confrontación en la zona de frontera entre las dos Coreas, tal como ya sucedió hace tres años, cuando un buque fue atacado por el régimen de Pyongyang y murieron 46 marines surcoreanos.

Ese hecho, que fue negado por Jong-un, activó la presencia de Estados Unidos en la zona estratégica y obligó al envío de buques y embarcaciones de guerra a territorio surcoreano.

Washington posee bases militares en el Pacífico y su territorio continental en la región cubre a Hawai y Guam.

En un intento desesperado, y no menos peligroso, el régimen norcoreano cortó en las tres últimas semanas las únicas líneas de comunicación que existen con Surcorea.

Un teléfono para facilitar el cruce de civiles en la frontera y otro, de alcance militar. Este último se quedó sin señal el pasado martes, cuando Norcorea aseguró haber puesto su armamento nuclear y balístico en posición de ataque hacia el sur y hacia Estados Unidos.

La comunidad internacional sigue de cerca esta nueva tensión y pide prudencia a las partes involucradas. Sin embargo, la Casa Blanca ha reforzado sus esquemas de seguridad internos y desplegado más contingentes militares hacia el Pacífico. Sin utilizar lenguaje de guerra, el Presidente Obama ha pedido a Norcorea "cambiar el rumbo".

Aunque no está en la agenda de Naciones Unidas un nuevo Consejo de Seguridad para analizar la situación, no se descarta que la presión contra el régimen de Pyongyang incluya nuevas sanciones y mensajes más claros de que no habrá margen de maniobra para Norcorea de activar un nuevo conflicto. Aún así, los juegos de guerra que le gustan a Kim Young-un son, en extremo, peligrosos.